Chouquettes

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No sé si habéis estado alguna vez en la Provenza francesa pero de no ser así no dejéis de visitarla cuando podáis porque es preciosa. Había oído hablar de ella, había visto fotografías…. sin embargo hasta que no estuve allí no fui consciente realmente de lo bonita que es. Tiene unos paisajes espectaculares y unos pueblecitos tan tan cucos que parecen sacados de un cuento. Lo mejor de todo, el aroma a lavanda que se respira por toda la comarca. Ya sólo por eso merece la pena. Con la cantidad de fotos que tiré bien se podría hacer un collage de lo más lindo. Lo que pasa es que después da una pereza verdad…. Seleccionar las fotos, editarlas, disponerlas de manera atractiva… ufff me agobia un poco.  Y es que con las nuevas tecnologías nos hemos acostumbrado a verlas en el ordenador o en la televisión y raras veces las imprimimos. Que en parte casi que es mejor, porque a ver sinó dónde narices guardamos tantas foto. Porque esa es otra…. yo le hago foto a todo. Que diréis, y para qué tanto? Mira…. no sé, porque en ese momento me apetece…. Es como si quisiera inmortalizar todo lo que he visto y que no quede en el olvido. Después cuando estoy en casa, repaso la galería, borro las que no me interesan y el resto las dejo ahí bien guardaditas hasta que el día me dé por verlas de nuevo. 

Bueno a lo que iba, que me ando por las ramas… hoy es que estoy charlatana 🙂

Pues nada, que en una de esas, paseando por las callejuelas empedradas fuimos a parar a una boulangerie artesanal de lo más vintage, donde por un momento me pareció estar viviendo en otra época ya que conservaba una cuidada decoración al más puro estilo francés del siglo pasado. Al fondo había un obrador a la vista de todos. Y si cierro los ojos aún puedo recordar el olor a horno de leña, a mantequilla…. mmm… me hubiera quedado allí eternamente. 

Bien, pues sobre el mostrador de mármol blanco desgastado había un cestillo de mimbre repleto  de una especie de buñuelos recubiertos de azúcar perlado, recién hechos y con una pintaaaaa….. pa´ morirse!!  Un letrero escrito a mano indicaba que eran chouquettes. La dependienta debió de verme cara de golosa porque cuando terminó de pesar la cantidad que le había pedido, añadió 3 más de regalo a la bolsa. Qué maja!!.

Los chouquettes son bocaditos de masa choux rebozados en azúcar perlado. Una vez horneados quedan huecos en su interior. Para entendernos son profiteroles pero con la diferencia de que éstos van rellenos y los chouquettes no y además van cubiertos de ese tipo de azúcar, que es el que se utiliza normalmente para los roscones de reyes.    

Me gustaron tanto y son tan sencillos de hacer que hoy os los traigo para que los hagáis vosotros también. Con las cantidades que os pongo tendréis para hacer unas 50 unidades. Claro que todo depende del tamaño que los hagáis, pero tened en cuenta que son de un bocado. 

Necesitamos

60 ml leche entera

60 ml agua

60 g mantequilla

70 g harina

1 c/p*  azúcar

1/2 c/c*  sal

2 huevos “M” (unos 120 gr)

azúcar perlado

Comenzamos poniendo a calentar en un cazo a fuego medio la leche, el agua, el azúcar, la sal y la mantequilla. Cuando la mantequilla haya fundido subimos el fuego y llevamos a ebullición. En ese momento, retiramos el cazo del fuego y agregamos la harina tamizada de un solo golpe removiendo bien con una espátula hasta obtener una masa densa.

Volvemos el cazo al fuego medio y continuamos removiendo con una espátula para resecarla un poco. Pronto veremos que la masa se despega de las paredes y del fondo del cazo y que adquiere brillo. Es momento de retirarlo y dejar enfriar unos minutos. Batimos los huevos ligeramente y añadimos el primero, mezclando con una cuchara de madera. Veréis que en un principio la masa se divide en muchos trozos, tranquil@s es así. Poco a poco la mezcla se va a ir ligando y será el momento de añadir el siguiente huevo con el que haremos lo mismo. Necesitamos obtener una masa suave, lisa, brillante y espesa. Si vamos a prepararla en una amasadora lo haremos utilizando el accesorio de pala y a la velocidad más baja para que la masa no coja demasiado aire.

El punto de la masa es importante, no queremos que nos quede líquida pero tampoco muy espesa. Para comprobar si está en el punto ideal cogeremos una porción de masa con la espátula. Si al dejarla caer forma una especie de “pico de pato”, estará perfecta.

Llenamos de masa una manga pastelera con boquilla redonda pequeña. Yo he utilizado la del número 10. A continuación hacemos montoncitos sobre una bandeja de horno forrada con papel vegetal o sobre un tapete de silicona a ser posible perforado que permite que no se acumulen vapores en la base y queden más crujientes.

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Hemos de dejar una separación de unos 5 cm entre unos y otros porque crecen bastante al hornearse. Con mucha delicadeza pintamos los chouquettes con huevo batido.

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Finalmente los cubrimos generosamente con el azúcar perlado.

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Precalentamos el horno con calor arriba y abajo a 200ºC. Colocamos la bandeja con los chouquettes en la rejilla central y bajamos la temperatura a 180ºC donde los dejaremos horneando durante 30´. Cuando haya pasado la mitad del tiempo abriremos un pelín  la puerta del horno para que salga el vapor y los chouquettes nos queden bien crujientes. Podemos repetir esta operación cada cinco minutos.

Cuando estén bien doraditos, apagamos el horno, abrimos ligeramente la puerta y los dejamos ahí durante unos minutos. Pasado ese tiempo retiramos del horno, los despegamos con cuidado y los traspasamos a una rejilla para enfriar.

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El interior es totalmente hueco. Lo cual lo hace aún más peligroso porque son tan ligeros que empiezas por uno y…….  Pero qué queréis que os diga…. un capricho de vez en cuando no hace mal a nadie, verdad? 😉

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Que lo disfrutéis. Un beso

Ali

Consejos y sugerencias:

     –Es importante pesar la cantidad de huevo para que la masa no nos quede muy líquida, pues si fuera así no tiene arreglo y habría que comenzar de nuevo. Por eso a modo de orientación os he indicado en gramos la cantidad que debería ser, aunque a ver, tampoco va de unos gramos, no es necesario que sea totalmente exacto.   

     –Cuando os digo de abrir un pelín la puerta del horno, quiere decir eso, un pelín. No vayáis a abrirla del todo ya que el cambio brusco de temperatura hará que vuestros chouquettes no inflen y queden planos.

     –El azúcar perlado lo encontraréis en tiendas especializadas en productos de repostería. Pero ojo! coged el de grano pequeño. Si aún así os parece grande, lo podéis trocear con una maza y tamizarlo después para eliminar el polvillo.

     –Se me ocurre que no iría mal añadir unas gotas de agua de azahar a la masa cuando la estemos preparando. Eso les daría un puntito muy particular. Cuestión de probar. 

    –Se conservan perfectamente en una lata metálica y en lugar seco fuera de la nevera.

*Las siglas c/p indican cucharadita de postre y c/c indican cucharadita de café

 

 

 

 

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