Tarta Unicornio

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Tengo doce sobrin@s, sí sí…. habéis leído bien…. doce. Que se dice pronto. Y de todas las edades!! Cada uno con su carácter, unos más serios…. otros más divertidos… otros más cariñosos…. otros más fiesteros….  pero todos ellos encantadores y me los quiero un montón. Ahora que no nos escucha nadie, creedme si os digo que me cuesta recordar la edad de cada uno de ellos, en serio, he perdido la cuenta… 🙂  La más chiquitina ha cumplido tres años y está en una edad muy graciosa. Es risueña…. cariñosa….  atrevida.…. y no para quieta ni un segundo. Es tan bonita!!  Ahora mismo es el juguete de la familia pues todos queremos achucharla, darle besos, jugar con ella…..  la agobiamos un poco la verdad, pero es que no lo podemos evitar 🙂

Para celebrar su cumpleaños le he preparado una tarta unicornio que aunque es un tipo de tarta que se puso de moda hace ya un tiempo aún sigue en el candelero. Y por lo visto acerté porque escuchad lo que me dijo cuando, previamente a llevársela, vio la fotografía:

Pa´comérsela. 

Os cuento como hacerla. El molde que he utilizado es de 12 cm pues para este tipo de tartas prefiero que sea de menor diámetro pero con más altura. Estéticamente son más bonitas. 

Ingredientes para el bizcocho:

200 ml nata 35% materia grasa

160 g azúcar

3 huevos “L” a temperatura ambiente

30 g almendra molida

170 g harina 

10 g levadura

1 cdta vainilla en pasta

Para el relleno:

1/2 l nata vegetal

sirope de fresa 

Para la ganache de cobertura:

300 g chocolate blanco

150 ml nata para montar 35% materia grasa

colorante blanco liposoluble (líquido o en polvo)

Para la figurita de unicornio y decoración:

fondant blanco

colorante rosa, lila, verde, negro y dorado

sprinkles variados

Antes de nada comentaros que no he podido hacer todas las fotografías que hubiera querido del proceso porque el tiempo jugaba en mi contra y pararme a hacerlas me suponía no terminar la tarta a tiempo. Pero voy a intentar explicaros los pasos de la manera más comprensible que pueda. 

Bien, pues comenzamos poniendo a precalentar el horno a 170ºC con calor arriba y abajo.

Para hacer el bizcocho vamos a batir los huevos junto con el azúcar hasta que doblen su volumen. A continuación añadimos la nata, la vainilla y mezclamos. Por último tamizamos la harina junto con la levadura y la agregamos a los huevos en varias tandas, así como también la almendra y mezclamos con varillas a mano siempre con movimientos envolventes para que la masa no pierda volumen. 

Engrasamos el molde y lo forramos con papel vegetal tanto en la base como en las paredes, pues esto nos va a facilitar mucho el desmoldado.

Pesamos la masa y la dividimos en dos para hacer dos bizcochos que después cortaremos por la mitad, obteniendo así 4 capas.  Podéis hornear un sólo bizcocho,  pero repartiéndolo en dos van a resultar más esponjosos pues en el horno crecen con más facilidad al no pesar tanto la masa y además se cocinan antes 😉 Pero cada cual como quiera. Horneamos el primero de ellos durante unos 30 minutos. Comprobamos que está hecho pinchando el centro con una brocheta y retiramos del horno, dejamos enfriar 10 minutos en el molde y desmoldamos. Repetimos la operación con la otra mitad de la masa. Si hemos optado por hacer un único bizcocho con toda la masa el tiempo de horneado será de 1 hora aprox. Una vez tengamos los bizcochos hechos y fríos les retiramos el copete y partimos por la mitad.

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Para hacer el relleno vamos a comenzar montando la nata. En mitad del proceso le añadiremos el sirope de fresa. No hace falta agregar ningún endulzante porque este tipo de nata suele venir azucarada.  Y tampoco la vamos a montar muy dura, en el momento en que veamos que tiene consistencia dejamos de emulsionar. No os preocupéis que no se va a desmontar, tal cual la dejemos así se va a mantener todo el tiempo. Es la ventaja de esta nata.

Comenzamos con el montaje. Colocamos el primer bizcocho sobre una base para tartas y cubrimos con una capa de nata.  Colocamos encima el segundo bizcocho y repetimos la operación y así hasta terminar con la última capa. El excedente que sobresale de los bordes lo vamos a extender por todo el contorno y por la parte superior para que sujete la miga.

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Llevamos la tarta a la nevera para que endurezca un poco la nata y así cuando la queramos cubrir con la ganache no se mezclarán los colores. 

Continuamos ahora preparando la ganache. Para ello, vamos a trocear muy pequeñito el chocolate y lo colocamos en un recipiente. También podemos comprarlo en perlas que es mucho más cómodo porque no hay que trocearlo….. hay que buscar lo práctico 🙂 Calentamos la nata y cuando alcance el punto de ebullición retiramos del fuego y lo vertemos inmediatamente sobre el chocolate. Removemos hasta que se integren por completo los ingredientes formando una crema. Para aclarar ese tono amarillento que tiene el chocolate blanco, que para mi gusto no es nada atractivo, vamos añadir unas gotas del colorante. Ojo con esto! no nos sirve cualquier colorante, no nos vayamos a equivocar al comprarlo. Debe ser liposoluble, es decir, que se disuelva en grasa. De lo contrario, si utilizamos uno que sea hidrosoluble ocurrirá que el chocolate se apelmazará y finalmente se convertirá en una especia de bola de arena. Tanto si lo utilizamos en polvo como líquido, comenzaremos añadiendo poca cantidad y removiendo bien con unas varillas hasta alcanzar el color deseado. Cubrimos con papel film a piel y dejamos reposar un par de horas a temperatura ambiente para que adopte una consistencia untable. No se os ocurra meterlo en la nevera para acelerar el proceso, que os estoy leyendo el pensamiento….. Y os explico el porqué: al sacarlo de la nevera, con el cambio de temperatura puede formarse condensación y con sólo una gota que caiga al chocolate nos lo arruinaría. Sí amig@s….. el chocolate es delicado de trabajar…. sobre todo el blanco, por eso quiero aclararlo para evitar “chocotástrofes”. Esta expresión la leí en algún sitio y me hizo mucha gracia 🙂  Así que no nos queda otra que esperar. Pero no lo dejéis reposar mucho más del tiempo que os indico para que no endurezca demasiado. Cuando ya la vayamos a utilizar la vamos a montar con unas varillas eléctricas (no cuchillas) para que  adquiera una textura untuosa. 

Sacamos la tarta de la nevera y la colocamos a ser posible sobre una base giratoria que nos va a facilitar la faena. Extendemos una capa generosa de ganache por todo el contorno y por la parte superior de la tarta. Con ayuda de una espátula colocada en ángulo de 90 grados en el lateral de la tarta y girando la base al propio tiempo, vamos a ir retirando el exceso y dejándola lo más lisa posible.

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Si nos queda algún defectillo no nos vamos a preocupar porque después podemos disimularlo con los sprinkles. La perfección no existe y todo requiere práctica. Yo todavía estoy en ello, intentando mejorar, es una asignatura pendiente que tengo. 

Con nuestra tarta ya cubierta ya podemos decorarla como más nos guste, procurando que tenga un sentido y no resulte caótica. Tanto la figurita del unicornio como las estrellas, el numero y el letrero donde va escrito el nombre  es preferible hacerlas unos días antes para que se sequen bien. En la siguiente foto podéis ver los elementos que utilicé para hacerlas, entre ellos: fondant blanco, colorantes, herramientas para trabajarlo, rodillo…. Para las estrellas utilicé cortadores de galletas con esa forma y como no tenía cortador para el numero y para el letrero hice unas plantillas de papel.  El nombre está escrito con pincel fino y con pulso a prueba de desactivador de bombas jejejj…. El resto de adornos de la tarta son un popurrí de sprinkles.

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Del proceso para hacer la figurita del unicornio tampoco tiré fotos pues… sinceramente….  ni me acordé, pues fueron unos días estresantes en los que tenía varios frentes abiertos y ya os digo… que no me daba la vida la verdad… Y como a mi chiquitina no quería dejarla sin su tarta, pues fui a por faena sin pensar en más. Pero vamos, que siempre podemos hacerle una visitilla a nuestro amigo youtube que para estas cosas nos viene muy bien 🙂

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Y esto ha sido todo. Después del estrés sufrido los últimos días, me quedo con esa carita de ilusión y con ese super abrazo tan amoroso que recibí de la pequeña Ainara, mi muñequita como la llamo yo. 

Os espero aquí la semana que viene. Besos

Ali

 

 

 

 

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