Bizcocho de mandarina glaseado

Al tiempo que estuvimos de confinamiento obligado por la covid-19 le llaman la Era del Pan y del Bizcocho. Y no es para menos, porque recordad que en los supermercados se agotó la harina y la levadura. Es curioso que a la mayoría nos diera por lo mismo… por sacar nuestra vena pastelera.  Que claro…. pensabas: pues ya que me he de quedar en casa tanto tiempo algo tendré que hacer para no aburrirme y de paso le doy unos caprichitos a este cuerpo para compensar el disgusto. Eso…. aparte de dejar todo impoluto, que yo creo que nunca hemos tenido las casas tan limpias eh….. para comer sopas en el suelo como dicen. No había rincón por limpiar, ni armarios por ordenar…. la de cosas y trastos que habremos tirado que ni nos acordábamos que teníamos. Total que, como comprenderéis, siendo aficcionada a la repostería yo siempre tengo reserva de harina y levadura en mi despensa. Así que, con la fortuna de mi lado pude hacer alguna que otra cosita, entre ellas el bizcocho que os traigo hoy y que… no sé porqué motivo ni razón, las fotos que le tiré quedaron en el olvido en mi cámara de fotos. Y hoy que las he encontrado me ha hecho tanta ilusión!!! Es como cuando te encuentras un billete en el bolsillo de un vaquero que ni sabías que estaba…. pues así. Pequeñas cosas que nos alegran el día, verdad?Suerte que en mi libreta de apuntes tengo la receta anotada pues tengo por costumbre ir anotando los ingredientes que utilizo así como sus cantidades al mismo tiempo que lo voy preparando porque después es difícil acordarse con exactitud.

Este bizcocho está tremendamente rico, es suave, de textura esponjosa y con ese toque a mandarina que lo hace distinto. El glaseado de cobertura podemos omitirlo pero para mi gusto le va genial, le da su puntito. Si no tenemos mandarina podemos utilizar perfectamente naranja. Y ahora si os parece os cuento cómo hacerlo, pero como siempre os digo, seguid los pasos tal cual os indico, no queráis correr. A veces un paso mal ejecutado puede arruinar cualquier preparación y es una pena.

Para un molde de 22 x 11 cm necesitamos:

200 g harina

1 c/c levadura en polvo 

90 g mantequilla textura pomada + 1 cda extra derretida y fría

140 g azúcar

30 g miel

2 huevos “L”

el jugo de 1 mandarina (30 ml) y su ralladura

1 pizca de sal

25 ml aceite girasol

90 ml leche entera

Para el glaseado:

100 g azúcar glass

2 cdas leche entera

Para la decoración (opcional):

mandarinas y merenguitos 

Importante que todos los ingredientes estén a temperatura ambiente. Precalentamos el horno  a 170ºC con calor arriba y abajo. Comenzamos batiendo la mantequilla junto con el azúcar y la ralladura durante unos 5 minutos con varillas eléctricas hasta que blanquee y aumente de volumen. Nos interesa que emulsione y coja aire para que nuestro bizcocho resulte esponjoso. Añadimos el aceite, batimos y a continuación añadimos los huevos uno a uno, es decir, hasta que no se haya integrado el primero no añadimos el segundo. Recordad que deben estar a temperatura ambiente. Si se agregan fríos la mantequilla enfriará y se cortará fragmentándose en diminutos trozos que aparecerán flotando. Si eso ocurriera, tranquilos que tiene remedio. Basta con preparar un baño María y cuando el agua empiece a hervir retiramos del fuego, colocamos el recipiente con la mezcla encima y batimos hasta homogeneizar. 

Importante también que al añadir los huevos volvamos a batir durante otros 5 minutos para que la mezcla coja aire nuevamente. Sin dejar de batir añadimos la miel, la leche y el zumo de mandarina. Finalmente vamos añadiendo en forma de lluvia la harina tamizada junto con la levadura y mezclamos con unas varillas manualmente con movimientos suaves y envolventes, es decir, de abajo hacia arriba para evitar que la mezcla se baje.  Hemos de obtener una crema esponjosa, uniforme, satinada y sin grumos. Pero sobretodo nunca hay que sobrebatir la mezcla o nuestro bizcocho no quedará tierno sino mazacote y no mola nada. Esto es aplicable para cualquier bizcocho. Por eso, repito: la harina siempre la mezclaremos con varillas manualmente, con suavidad y sin sobrebatir la mezcla. Es el secreto.

Engrasamos el molde y lo forramos con papel vegetal. Vertemos la mezcla dentro y nivelamos.

Este bizcocho tiende a abrirse por la parte superior al crecer, como si reventara.  Para conseguir que se abra por donde queramos vamos a trazar una raya a lo largo con un cuchillo y dentro del surco que se formará rellenaremos con mantequilla derretida y fría. 

Introducimos el molde en el horno a media altura y horneamos durante unos 45 minutos. Una vez hecho, retiramos del horno, dejamos que repose dentro del molde unos 5 minutos y seguidamente lo desmoldamos y dejamos enfriar sobre una rejilla. Como podéis observar la grieta se ha abierto por donde la hemos trazado. Si no la marcamos se abrirá igual aunque de manera diferente, pero vamos….. que no es algo que tenga mucha importancia. Yo os lo comento porque tengo por costumbre hacerlo así, simplemente por eso. Lo dejaremos enfriar por completo antes de bañar con el glaseado. 

Mientras se enfría preparamos las mandarinas de la decoración. Para ello retiramos con delicadeza la piel de las mandarinas con una puntilla  y las sumergimos en agua o en almíbar fríos. Es una manera de conservarlas hasta el momento de utilizarlas para que no pierdan apresto.

En cuanto a los merenguitos, como me quedaban unos cuantos de la última vez que hice los he aprovechado. Si os apetece hacerlos podéis consultar aquí para ver el proceso, pero omitiendo el papel de merengue decorativo. Una vez que el bizcocho ha enfriado preparamos el glaseado. Para ello, pondremos el azúcar glass en un recipiente y añadimos las dos cucharadas de leche. Podemos sustituir la leche por agua, pero con leche quedará más blanquito. Con unas varillas batimos enérgicamente hasta que veamos que no quedan grumos y su textura es semi-líquida. Inmediatamente lo vertemos por todo el copete del bizcocho dejando que caiga por los cuatro lados.

 Antes de que solidifique el glaseado colocaremos la decoración para que se adhiera.

En serio….. está brutal.  Mirar qué miga!!! Lo suelo hacer a menudo porque gusta mucho.  Incluso hay veces en que lo congelo en porciones, bien envuelto en film y me viene de cine para variar mis desayunos o simplemente para tomar una tarde cualquiera de esas en las que tienes apetencia de dulce. 

Que lo disfrutéis!!! Un beso

Ali

CONSEJOS Y SUGERENCIAS:

*Sacaremos los huevos de la nevera una 1/2 h antes de utilizarlos. Si se nos ha olvidado podemos sumergirlos en agua templada unos minutos. 

*Si se nos ha olvidado sacar la mantequilla de la nevera podemos darle unos golpes de micro con la función de descongelar (nunca calentar) hasta que veamos que adquiere textura de pomada.

*Si no os gusta la miel, tranquilos, porque apenas se aprecia el sabor. Esa pequeña cantidad aporta jugosidad y elasticidad al bizcocho. Yo de vosotros no la omitiría.

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