Mona: La Gallina de los Huevos de Oro

No sé vosotros, pero yo de siempre he tenido una curiosidad tremenda cuando se trata de tradiciones, costumbres, leyendas…..  Supongo que me viene de cuando estudiaba en el instituto. Y es que mirad…. tenía un profesor de historia que para hacer las clases más amenas siempre dedicaba el ultimo cuarto de hora a contarnos alguna de ellas. Él nos decía que era cultura  porque al fin y al cabo formaban  parte de la historia de algún lugar.  Las explicaba como si de un cuento se tratase y os aseguro que conseguía encandilarnos a todos.  Ese mismo método utilizaba a la hora de darnos la clase de historia y creedme, funcionaba realmente bien. Por eso siempre he dicho que no hay asignatura que se atraviese si el docente en bueno. Y en este caso era así. 

Así que hoy quiero compartir con vosotros de donde viene el origen de los huevos de Pascua.  En realidad, hay varias teorías, pero yo os cuento la que tiene origen cristiano. Resumiendo, parece ser que en la Edad Media la Iglesia prohibió el consumo de huevos durante el tiempo que duraba la Cuaresma. Era una penitencia que todo cristiano debía cumplir. Pero qué pasaba? Pues que las gallinas seguían poniendo y para mantenerlos frescos y que no se echasen a perder los bañaban en una fina capa de cera líquida (de ahí viene la tradición de decorarlos).  El domingo de Pascua finalizaba la Cuaresma y con ello la penitencia. Así que para celebrarlo era costumbre regalar una cesta llena de huevos y si además estaban decorados se consideraba un magnífico detalle.  Con los años esta tradición fue evolucionando y hoy día los huevos que se regalan son de chocolate. 

Os he contado esto porque este año el protagonista de mi Mona de Pascua es el huevo de chocolate. Ya tenía yo antojito de hacer uno gigante y decorarlo.  Así que me hice con un molde, preparé las dos mitades con chocolate blanco, las pegué entre sí y las pinté con un spray efecto terciopelo blanco. Los elementos decorativos como la cresta, los ojos, el pico…  los moldeé con fondant.  Para completar la mona  formé un nido con fideos de arroz y chocolate y finalmente pinté con colorante en polvo dorado unos huevos de chocolate que compré. Como base, una tableta de chocolate con leche. Los chocolovers se estarán relamiendo ahora mismo eh….. ☺

De lo que se trata aquí es de divertirse haciéndola.  Lo más entretenido y/o latoso de hacer es el atemperado del chocolate.  Y ya lo siento pero este paso hemos de hacerlo sí o sí. Porqué? Pues mirad por varias razones, primero: el chocolate al solidificar se contrae y sale fácilmente del molde. Si no atemperamos es muy probable que se quede pegado y al intentar desmoldarlo se nos rompa. Segundo: para que no se nos derrita en los dedos al cogerlo. Tercero: para que al morderlo su textura sea crujiente y no mantecosa. Y cuarto: para que adquiera un tono brillante y sin manchas blancas una vez solidificado. Y sé que da pereza ponerse con ello pero el resultado es tan bueno que cuando te lo estás comiendo te genera tal satisfacción que te olvidas del trabajo que te ha dado.  Pero no desesperéis porque os voy a explicar un método muy sencillo con el que yo aprendí y que sigo empleando porque me funciona muy bien. A que ahora ya os estáis animando? Me alegro ☺

Os cuento cómo hacer esta mona. 

Necesitamos
Para el huevo gigante:

600 g chocolate blanco de cobertura (300 g para cada mitad)

spray comestible efecto terciopelo, color blanco

molde 

Para el nido:

Fideos de arroz

120 g chocolate negro de cobertura 

1 cdta. aceite vegetal

huevos de chocolate pequeños y minis

colorante en polvo color oro metalizado

Otros: 

2 tabletas extrafinas de chocolate con leche (para la base)

Fondant blanco y colorantes: naranja, negro y rojo

Comenzaremos haciendo el huevo gigante. Para ello vamos a utilizar chocolate de cobertura ya que es el idóneo para atemperar al contener mayor proporción de manteca de cacao. El proceso es el siguiente: fundir-enfriar-templar. Estos tres pasos hay que respetarlos para que sea un éxito. Como os decía existen varios métodos pero el que vamos a poner en práctica hoy es bien sencillo y además no vamos ensuciar más que un recipiente y una espátula. Si no habéis atemperado nunca chocolate, no os agobiéis, voy a procurar explicarlo lo más claro posible para que no haya dudas. 

Cada mitad de huevo lleva dos capas de chocolate, para lo cual los 300 g los vamos a dividir  en dos, es decir, 150 g para la primera capa y 150 g para darle una segunda. Es imprescindible utilizar un termómetro de cocina para controlar las temperaturas, aquí no nos vale hacerlo a ojo. 

Para hacer la primera capa vamos a picar en pequeñito el chocolate y pondremos las 2/3 partes, es decir 100 g en un bol de cristal y los otros 50 g los reservamos. Fundimos en el microondas en intervalos de 20 seg. para evitar que se queme, removiéndolo cada vez. Una vez derretido y cuando haya alcanzado los 42ºC retiramos y añadimos los 50 g que hemos reservado. Movemos enérgicamente con unas varillas hasta que se derrita. Ahora se trata de ir removiéndolo y levantándolo con una espátula para enfriarlo hasta llegar a los 26ºC. Nos llevará un ratito pero no dejéis de moverlo.  Cuando alcance la temperatura lo llevamos de nuevo al microondas y lo templamos hasta alcanzar los 29ºC, con unos 5 segundos nos bastará. Y ya lo tenemos. 

Inmediatamente vertemos en el molde.

Vamos girando el molde con rapidez para que se cubra por completo y llevamos a la nevera a solidificar. Yo lo he dejado toda la noche porque quería que estuviera bien frío antes de darle la segunda capa.

Para la segunda capa hemos de repetir la operación de atemperado con los otros 150 g de chocolate. Una vez que lo tenemos listo no lo vamos a verter directamente sobre el molde sino que lo untaremos con un pincel procurando que los bordes tengan un grosor de 1/2 cm para después poder pegar las dos mitades sin dificultad. Y llevaremos de nuevo a la nevera para que solidifique. Esta vez no hace falta que esté tanto tiempo. A la hora de desmoldar, si lo hemos atemperado bien, el chocolate se habrá contraído y se desprenderá del molde sin problemas. Ya tenemos la primera mitad del huevo hecha. Lavamos el molde, secamos bien y volvemos a hacer exactamente lo mismo para con la otra mitad. 

Una vez tenemos las dos partes hechas, las vamos a unir. Para ello pondremos una sartén a calentar, retiramos del fuego, colocamos una de las mitades con los bordes hacia abajo un par de segundos, lo suficiente para que se derritan, e inmediatamente lo pegamos a la otra mitad.

Sujetamos hasta que se haya solidificado. Y atención, llevaremos el huevo al congelador durante unas horas, enseguida os explico el porqué. 

Para darle un acabado más bonito y con textura, vamos a usar un spray comestible efecto terciopelo de color blanco. Ese efecto únicamente se logra cuando la superficie a rociar está congelada, de ahí lo de congelar el huevo. Este spray es un tanto delicadito porque su contenido es manteca de cacao. Y qué pasa con eso? Pues que, sobretodo, cuando la temperatura ambiente es baja, se solidifica y no sale por la boquilla. Pero tiene solución, bastará con calentar agua, llenar un vaso alto, introducir el bote y dejarlo como unos cinco minutos para que se derrita la manteca de cacao. Es muy probable también que mientras estemos rociando se obstruya la boquilla, lo cual también solucionaremos sacándola y dejándola en agua caliente para que se diluyan los restos de manteca de cacao que se hayan solidificado en el agujerito de salida. El tema está en que hay que trabajar con rapidez antes de que se descongele lo que vamos a rociar. Si son piezas independientes y pequeñas no hay problema porque las retiramos del congelador de una en una y mientras tanto dejamos templando el bote y limpiando la boquilla. El problema viene cuando son piezas grandes como esta que hay que ir a por faena. 

Una vez que lo tenemos todo rociado, no lo tocamos hasta que se haya solidificado por completo o de lo contrario dejaremos marcas de los dedos. Podemos dejarlo en la nevera un rato.

Las decoraciones las vamos a dejar hechas unos días antes. Para hacer el nido vamos a trocear con las manos un puñado de fideos de arroz. No hace falta que midan lo mismo, pero que al menos tengan unos 4 cm de largo. Dejaremos preparado un cuenco cubierto con film que será donde formaremos el nido.

Fundimos el chocolate en el microondas en intervalos de 20 seg. removiendo cada vez. En esta ocasión no lo vamos a atemperar. Una vez derretido añadimos una cucharadita de aceite vegetal para darle fluidez. Añadimos los fideos y mezclamos bien hasta que estén totalmente cubiertos.

A continuación iremos colocando los fideos en el cuenco dándole forma. Voy a confesaros que en un principio utilicé unas pinzas para no pringarme los dedos, pero sinceramente terminé montándolo con los dedos porque me resultaba más facil y controlable. Cuando está terminado lo llevamos a la nevera a endurecer. Este elemento decorativo es el único que no es comestible a no se que seáis masocas y os gusten los fideos crudos 🙂

Los huevos de chocolate que llenan el nido los vamos a pincelar con colorante comestible en polvo de color oro metalizado. Una brocha de las de maquillaje nos vendrá perfecta para pintarlos. Y en cuanto a la cresta, los ojos, el pico, las barbillas y las patas de la gallina vamos a utilizar fondant. Yo he usado uno de color blanco y lo he teñido con colorantes en gel (nunca en líquido). Moldeamos las piezas y dejamos que se sequen.

Y comenzamos con el montaje. Unimos entre sí las dos tabletas de chocolate con leche del mismo modo que hemos hecho con el huevo. Derretimos unas onzas de chocolate blanco que utilizaremos a modo de pegamento. Ponemos un pegote sobre la tableta y colocamos encima el huevo gigante. Lo hemos de sujetar hasta que endurezca la base y se quede en pie. Las partes de la gallina también las pegaremos con un pelín del chocolate blanco derretido.

Finalmente colocamos al lado el nido con los huevos dorados. 

Y ya tenemos la mona terminada. Será por chocolate!!! 

Y esto ha sido todo. Que disfrutéis de este día y hasta la próxima.

Ali

4 comentarios sobre “Mona: La Gallina de los Huevos de Oro

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