Tarta para Judit

Ya tenía yo ganitas de prepararle una tarta de cumpleaños a mi querida Judith.  Y es que hasta ahora no había habido ocasión, cuando no era por unas cosas era por otras….. Pero este año su LOVE le preparó una macro fiesta sorpresa en una casa rural con pernocta incluida, en la que no faltó detalle.  Lo cual, imaginaros…. fue fantástico porque el fin de semana dio para mucho. 

Judit comenzó a formar parte de nuestra familia siendo muy jovencita, por lo que desde el principio he tenido un instinto protector hacia ella y la verdad es que, con el tiempo, la relación que tenemos podría decirse que es más de amigas que de cuñadas. 

Creo que no se lo he dicho nunca pero la quiero muchísimo y ella lo sabe, así que, con esta tarta he querido recordarle lo importante que es para mí.

Como fan incondicional de las estrellas, aquí no podían faltar. Le encantan. Es muy común ver, tanto en su vestimenta como en objetos de su vida cotidiana, dibujos y elementos con esa forma. Y es que en sí…. ella es una estrella.  

Preparar esta tarta ha sido todo un reto para mí, ya no en cuanto al diseño y esas cosas, sino al poco tiempo disponible para hacerla. Y es que coincidió en que ese mismo día yo acababa de aterrizar de un viaje de 5 días, reventaíta de tanto caminar viendo cosas con un sol de justicia que no daba tregua, 3 horas de vuelo…..  y al día siguiente se celebraba la fiesta sorpresa, por lo que habría dado lo que fuera porque se detuviera el tiempo. Pero bueno, con varios chutes de café hice lo que buenamente pude. Eso sí, faltan alguna fotografía del proceso porque, sinceramente, olvidé tirarlas.  

Por muchos años más querida cuñada compartiendo momentos y confidencias. Espero que, de entre todos los recuerdos que conserves de este finde inolvidable, uno sea este pequeño detalle que está hecho con todo mi cariño.

Os cuento cómo la hice. Mirad, esta tarta se compone de dos alturas. He utilizado un molde de 18 cm con el que hice 2 bizcochos y un molde de 12 cm con el que hice un único bizcocho. Un almíbar de limón para emborracharlo ligeramente. Para el relleno, una gelée de fresa y nata vegetal que es magnífica porque se mantiene estable todo el tiempo siempre y cuando el termómetro no se dispare. Con unas gotas de esencia de fresa quedó rica rica. Y para la cobertura recurrí al fondant. No soy muy fan de este ingrediente, creo que ya os lo he comentado en alguna ocasión, no lo domino mucho y lo encuentro demasiado dulce, pero siendo que estamos en verano, que las temperaturas están siendo altas y que, en este caso, la tarta iba a estar expuesta varias horas fuera de la nevera, la única cobertura que podía aguantar un poco era esta. Ya después a quien no le agradase, tan solo tenía que retirarlo. Las decoraciones las tenía ya hechas de hacía una semana. Están hechas con fondant y pintadas con colorante en polvo metalizado color cobre. 

Pero creo que es mejor que os lo vaya contando paso a paso. Estos son los ingredientes que vamos a necesitar:

Para cada bizcocho: (sin distinción de tamaño)

180 g azúcar

3 huevos “M”

140 g aceite girasol

200 g azúcar

1 yogur griego natural

15 g levadura química

ralladura de limón

Para el almíbar de limón:

250 g azúcar

200 ml agua

piel de 1 limón + 1 rama de canela

Para el relleno y cobertura:

1/2 l nata vegetal

unas gotas de esencia fresa

gelée de fresa

fondant blanco + colorante en pasta marrón para el veteado (opcional)

Para cada gelée (haremos 3):

200 g mermelada de fresa casera o comercial

2   y 1/2 hojas de gelatina

Para la decoración: 

Fondant negro

Colorante en polvo metalizado color cobre

unas gotas de vodka (después veréis para qué)

Comenzamos preparando lo bizcochos. Previo a comenzar ponemos en un cuenco el azúcar y sobre éste rallaremos el limón (evitando la parte blanca) y mezclamos con una cuchara para que el azúcar se impregne de los aceites del limón. Increíble el aroma que despide ese azúcar! Dejamos macerar 10 minutitos. Mientras tanto, vamos a preparar el molde engrasándolo con mantequilla y poniendo un disco de papel vegetal en la base. Las paredes las espolvoreamos con harina y retiramos el excedente.

Precalentamos el horno a 175ºC con calor arriba y abajo.

En un recipiente amplio ponemos el yogur, el aceite y el azúcar aromatizado. Batimos enérgicamente con unas varillas eléctricas hasta que estén bien mezclados. A continuación añadimos los huevos de uno en uno, es decir, hasta que no esté bien incorporado el primero no añadimos el segundo y el tercero.

Para finalizar, tamizamos la harina junto con la levadura y ahora con unas varillas de mano los vamos incorporando hasta que estén integrados. También podemos hacerlo con varillas eléctricas pero por sin excedernos en el batido para evitar que se desarrolle el gluten dando como consecuencia un bizcocho denso en lugar de esponjoso.

Vertemos la masa en el molde y le damos un golpe a la base contra la encimera para eliminar las burbujas del interior. Introducimos en el horno en el segundo nivel comenzando por abajo y horneamos durante 50-55´,  dependiendo de cada horno. Comprobaremos la cocción insertando una brocheta en el centro y, si sale limpia, apagamos y retiramos el molde del horno. Esperamos 10 minutos,  desmoldamos y dejamos enfriar sobre una rejilla.

Ya tenemos el primero de ellos. Repetimos la operación para hacer los otros dos bizcochos. Siempre que podáis, lo ideal es prepararlos la víspera y envolverlos en film para evitar que se resequen. 

Una vez fríos por completo y ayudándonos de una lira o con un cuchillo de sierra (el del pan por ej.) dividimos los bizcochos en capas de 2,5 cm. 

El día anterior también vamos a dejar preparadas las gelées y las llevaremos al congelador para poder desmoldarlas después con facilidad. En esto sí que me anticipé y las tenía hechas, uff!

Comenzamos con la primera, vais a ver que es muy sencillo. Lo primero será dejar preparado el recipiente donde la vamos a verter, en este caso vamos a utilizar el mismo molde desmoldable que hemos utilizado para hacer el bizcocho, poniendo un disco de papel vegetal en la base. Ponemos a hidratar las hojas de gelatina en agua fría. En un cazo ponemos la mermelada y llevamos a fuego medio a calentar. Una vez que la gelatina está blandita la escurrimos con las manos y añadimos a la mermelada caliente. Retiramos el cazo del fuego y con unas varillas de mano removemos enérgicamente hasta que la gelatina se disuelva. A continuación la vertemos en el molde y dejamos enfriar a temperatura ambiente.

Seguidamente la llevamos al congelador y una vez esté congelada la desmoldamos, retiramos la hoja de papel vegetal y envolvemos en film para llevar nuevamente al congelador hasta el momento de utilizarla. Ya tenemos la primera.

Continuaremos con las otras dos que nos faltan. En caso de no disponer de moldes desmoldables podemos usar un aro, tampoco es necesario que tenga el diámetro exacto, no va de un centímetro. 

Para el almíbar de limón pondremos en un cazo el agua junto con el azúcar, la rama de canela partida en dos y la corteza del limón (sin la parte blanca: importante!)  Llevamos a fuego medio-alto y dejamos que se cocine durante 2 minutos desde que empieza a hervir. Retiramos del fuego y dejamos templar. Vertemos en un frasco de cristal (sin retirar la canela ni el corteza de limón) cerramos la tapa y reservamos a temperatura ambiente. 

Seguidamente vamos a montar la nata que, como sabéis, ha de estar bien fría de nevera. Normalmente ya viene endulzada por lo que únicamente le hemos de añadir unas gotas de aroma de fresa, lo haremos de poco en poco hasta lograr el sabor que nos guste, pensando siempre que es mejor pecar de menos que de más o nos arruinará el sabor. Batimos a velocidad media-alta con varillas eléctricas hasta que tenga consistencia firme pero que esté sedosa al paladar. Si la dejamos muy dura no podremos trabajarla bien. 

Pues con todos los elementos ya preparados comenzamos con el montaje de la tarta.

Ponemos el primer disco de bizcocho sobre una base para tartas y a su vez sobre una base giratoria. Humedecemos ligeramente con el almíbar y disponemos encima la gelée de fresa.

Untamos una capa generosa de nata sobre la gelée.

Colocamos otro disco de bizcocho, repetimos el proceso y, finalmente, colocamos el último a modo de tapa. Untamos una capa ligera de nata por todo el contorno de la tarta y alisamos con una espátula. No es necesario poner mucha cantidad solo lo justo para que el fondant que vamos a colocar después se quede pegado.

Vamos ahora con el fondant. Si queremos conseguir  un dibujo veteado, pondremos unos puntos de colorante marrón en diferentes partes del fondant y lo amasaremos un pelín con las manos, no mucho para que no se unifique el color. Lo estiramos con un rodillo y, con una esteca para modelar o con la punta de un cuchillo, cortamos un círculo del diámetro de la parte superior de la tarta y lo colocamos encima. Después medimos el contorno y la altura y cortamos una tira. La colocamos sobre la tarta y la acoplamos con una paleta alisadora. Hacemos exactamente lo mismo con la otra tarta. 

Los elementos de la decoración que son las estrellas las vamos a dejar hechas con unos días de antelación para que se sequen bien. Vamos a darle un acabado con textura utilizando una técnica que me encanta por su sencillez y para la que tan solo necesitamos un trozo de papel de aluminio. Mirad, vamos a hacer una bola con el papel de aluminio y lo estiramos ligeramente (no del todo). Con un rodillo estiramos el fondant, lo colocamos encima y presionamos fuerte con las manos para que se queden marcadas las arrugas. Retiramos el papel de aluminio y cortamos el fondant en forma de estrella. Si tenemos un cortapastas pues perfecto. En mi caso, para ese modelo de la estrella grande no tenía, así que hice una plantilla con papel vegetal. Un poquito más complejo a la hora de recortar las aristas pero con paciencia se logra todo. La dejamos secar y endurecer y finalmente la vamos a pincelar con el colorante en polvo metalizado para lograr ese toque de dramatismo tan bonito.

Para hacer el efecto salpicado en la decoración vamos a diluir una cucharada del colorante en polvo metalizado en una cucharada de vodka o cualquier otro tipo de alcohol alimentario. Necesitamos una textura fluida. Cubrimos la superficie de trabajo para evitar salpicaduras indeseadas. Mojamos el cepillo en el colorante y a una distancia de unos 10 cm, frotamos las cerdas con el dedo para salpicar la pintura sobre la tarta. Podemos variar la intensidad de las salpicaduras moviendo el cepillo más cerca o más lejos de la tarta, o frotando las cerdas con más o menos intensidad. Dejaremos que la primera capa de salpicaduras se seque antes de añadir otras. El alcohol se evaporará y el salpicado quedará intacto sin correrse. 

Para terminar insertamos el topper en el centro y ya la tenemos terminada.

Feliz cumpleaños JUDIT, que cumplas muuuuchos más…. y que yo lo vea!!! Te quiero 😉

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