Aros de manzana y hojaldre

A las personas que trabajamos de cara al público no estaría de más que nos remuneraran con un plus de paciencia. Y os cuento, trabajo en una Administración, un lugar al que acude todo aquel que tiene problemas y, como es lógico, quiere solucionarlos. Con los años se desarrolla cierta habilidad para diferenciar los distintos perfiles de ciudadanos, para cada cual has de adoptar una actitud distinta. Mirad:

Está el que acude por primera vez, perdido, nervioso, angustiado, que no ha dormido la noche anterior y al que tratas de tranquilizar mediante una actitud empática, amable, sosegada… Suelen ser personas que han tenido un golpe de mala suerte y que, de la noche a la mañana se ven en una situación comprometida y se justifican todo el tiempo. Es importante hacerles saber que no estás allí para juzgarles sino para ayudarles. 

El impaciente, que quiere inmediatez, que presiona, que no quiere comprender que en todo proceso existen unos plazos establecidos que hay que respetar, se muestra hostil, desconfía, se queja constantemente y con el que has adoptar una actitud paciente que le genere confianza y le haga comprender. 

El que, previo a exponer su petición, te pone en antecedentes que se remontan al siglo IV antes de Cristo, mientras la centralita no deja de sonar y tienes a nueve personas esperando para ser atendidas. Con estos hay que adoptar una actitud diplomática y, con mucha sutileza, conseguir que abrevien y se ciñan a los hechos. 

El colaborador, que suele ser amable, con saber estar, que te hace sentir bien porque valora tu trabajo y la dedicación que le has prestado y lo agradece con un buen apretón de manos al marchar a la vez que se disculpa por haber formado cola de gente. Con tu mejor sonrisa le indicas que estamos para ayudarle y le deseas un buen día. 

El “sabelotodo”, que cree saber las leyes mejor que tú, cuestiona el procedimiento y recita artículos de la Ley a diestro y siniestro. En estos casos, lo más inteligente es poner cara de moderna y asentir todo el tiempo. 

El que no sabe lo que quiere, pero acude allí porque cree que tenemos una bola de cristal. Con estos hay que hacer una labor de investigación tremenda para saber qué es lo que necesitan.  

El que, por lo visto, le tiene miedo al agua y tú, que estás frente a esa persona, aguantas la respiración hasta que tu cerebro deja de recibir oxígeno y pierdes la consciencia, lo que viene siendo un síncope vaya…. Imposible hacer buena cara en estos casos. Una pastilla de jabón les daba yo. 

Y, como no podía faltar, el irrespetuoso y agresivo, que se altera, que grita cuando no escucha lo que quiere oír y que, al no saber gestionarlo termina por insultar lo más grande. Suelen ser personas conflictivas, reincidentes, que no atienden a razones y con grandes dosis de exigencia porque, según ellos, te pagan tu sueldo. Aquí sobretodo hay que mantener la compostura, que no te vean débil y, armándote de dosis de paciencia, intentar calmarles, a veces con éxito y otras sin, porque más de uno ha marchado dando un puñetazo o patada al mostrador, que piensas: “esto no esta pagao”.

Y en cuanto a la atención telefónica pues pasa exactamente lo mismo, con el agravante de que no quieren aceptar que cierto tipo de información no puede ser facilitada por la actual Ley de Protección de Datos.  

A veces pienso que las locuciones que aparecen en la centralita deberían indicar lo siguiente: (léase en clave de humor)

Si quiere saber como está lo suyo, pulse 1

Si quiere exponer su queja, pulse 2

Si quiere gritar o insultar al teleoperador, pulse 3

Si quiere contar toda su vida, pulse 4

Si quiere una sesión de psicología pulse 5

Si no sabe lo que quiere, pulse 6

Para otras cuestiones, manténgase a la espera y en breve será atendido.

Trabajar de cara al público, como decía Forrest Gump «es como una caja de bombones, nunca sabes lo que te va a tocar». Y es así… tal cual. Por suerte, abunda la gente amable y respetuosa pero cuando acuden ciudadanos complicados, atenderles suele ser toda una tarea titánica para no sucumbir fácilmente ante las provocaciones. 

Hace mucho tiempo que aprendí a desconectar en el momento en que salgo por la puerta, porque de verdad que hay días que salen cruzados y en los que pienso “si lo sé no me levanto”. 

Hoy os traigo unos aros de manzana y hojaldre ricos ricos y para los que vamos a necesitar muy pocos ingredientes:

2 manzanas tipo “Fuji”

1 lámina de hojaldre

1 taza de azúcar + 1 cda. canela en polvo

zumo de 1 limón + 1l agua

1 huevo

En un recipiente amplio vamos a poner el agua y el zumo del limón.

Pelamos las manzanas, las cortamos en rodajas de un centímetro más o menos y con un descorazonador o cuchillo retiramos el corazón.  Las vamos dejando en el cuenco del agua con limón para evitar que se oxiden. 

En un cuenco mezclamos el azúcar con la canela. Cogemos una rodaja de manzana, la secamos ligeramente con papel de cocina y la rebozamos bien en esa mezcla.

Extendemos la masa de hojaldre y con un rodillo la aplanamos ligeramente para eliminar cualquier arruga. Con un cuchillo afilado hacemos tiras de 1 cm de ancho aproximadamente y con delicadeza vamos envolviendo la rodaja de manzana, superponiendo la tira hasta cubrir por completo. Si vemos que nos cuesta porque se cierra mucho el agujero, con un cuchillo lo hacemos más grande.

Batimos enérgicamente el huevo y lo pasamos por un colador a un cuenco para retirar grumos de clara. Pincelamos el hojaldre.

Rebozamos por completo con la mezcla de azúcar y canela y colocamos en una bandeja de horno forrada con papel vegetal. Repetimos la operación hasta terminar con todo el hojaldre.

Precalentamos el horno a 180ºC con calor arriba y abajo y horneamos durante 20’ o hasta que tengan un bonito color dorado. Estaremos pendientes de que no se queme la superficie. Si vemos que se doran en exceso cubrimos con papel de aluminio.

Retiramos del horno y dejamos enfriar sobre una rejilla, de esta forma evitamos que se forme condensación en la base y se ablande el hojaldre. Una vez fríos ya los podemos consumir, mejor en el día.

Y ya los tenemos hechos. Tan simple y tan rico.

Que lo disfrutéis! Feliz día.

Ali

Deja un comentario