
Ahora que ya han pasado dos meses desde que comenzó el año, cuántos de vosotros seguís cumpliendo con los propósitos de Año Nuevo? Tarea difícil verdad? Y es que, hay que reconocer que mantener en el tiempo nuevos hábitos es complicado, unas veces por falta de tiempo, otras por pereza, falta de motivación, porque estamos cansados… y otras porque no todos los días estamos del mismo humor…. vamos posponiéndolo y, salvo los muy voluntariosos, la mayoría termina por abandonar. Aquí bien se puede aplicar ese dicho popular que dice: no prometas cuando estés alegre. Y es que, si os fijáis, cuando estamos contentos o entusiasmados somos capaces de prometer cosas que en otro estado no haríamos. Y seguro que habéis escuchado decir que si repites de forma sistemática cualquier acción durante 21 días seguidos ya no puedes dejar de hacerlo porque se habrá convertido en una rutina y, por tanto, no nos supondrá un esfuerzo extra ya que lo haremos de manera automática, al igual que hacemos con otras acciones cotidianas como ducharnos, lavarnos los dientes.… Tiene su lógica.
De todos modos pienso que solo el mero hecho de plantearnos cambiar o incorporar un nuevo hábito en nuestras vidas ya es un primer paso. A partir de ahí, pues es intentar sostenerlo en la medida de lo posible, pero sin llegar a obsesionarnos ni atormentarnos con sentimientos de culpa por no cumplirlo a rajatabla porque eso, a lo único que nos lleva, es a abandonar, que es lo que yo creo que nos pasa muchas veces, que empezamos con mucha ilusión y con las expectativas muy altas y en el momento en que flojeamos sentimos frustración y esa sensación es… angustiosa. Por eso, seamos amables con nosotros mismos y permitámonos fallar alguna vez, que no pasa absolutamente nada. “Consejos vendo que para mí no tengo” 🙂
Para premiarnos por los logros conseguidos que menos que deleitarnos con algo dulce. Así que hoy os traigo un milhojas de manzana para pecar sin tanto remordimiento. Para darle un punch vamos a acompañarla con una salsa toffee, que hay que darle alegrías al cuerpo! sino… decidme, qué sentido tiene la vida?
Hay varias formas de preparar el milhojas de manzana. Yo hoy os traigo mi versión.
Mirad, vamos a necesitar:
Para el milhojas: (molde alargado de 20 x 10 x 7 cm)
8-9 manzanas tipo «Fuji»
1 huevo “M”
20 g azúcar
60 ml leche
35 g harina
10 g mantequilla derretida
pizca de canela, jengibre y nuez moscada
Mezcla de 60 g maizena + 200 azúcar glass
almendra laminada
Para la salsa toffee:
120 g azúcar
220 g nata líquida
40 g mantequilla cortada en cubitos
Preparamos el molde. Para ello, engrasamos la base y las paredes con mantequilla y forramos con papel vegetal de manera que sobresalga por los cuatro lados, ello nos facilitará la faena a la hora de desmoldar.
Preparamos una masa ligera batiendo el huevo, el azúcar, la leche, la harina tamizada, la mantequilla derretida fría y las especias. Ponemos 1/3 parte de la masa en la base y reservamos el resto.
En un cuenco, dejamos preparada la mezcla de maizena y azúcar glass.
Pelamos las manzanas, las descorazonamos y con ayuda de una mandolina las laminamos muy finas. Para evitar que se oxiden las iremos colocando en un bol con agua y zumo de limón. Iremos pelando manzanas conforme las vayamos utilizando, no todas de una vez.
Disponemos las manzanas de manera ordenada y en la misma dirección para que quede parejo y el corte sea más estético. Es un proceso entretenido, no vamos a negarlo, pero con una buena dosis de paciencia y cariño lo lograremos 😉
Entre capa y capa (o cada dos) espolvoreamos con un colador un poco de la mezcla de maizena y azúcar glass que se van a encargar endulzar y, a la vez, de absorber el exceso del jugo que suelte la manzana. Cuando tengamos unas cuantas capas las presionamos para que compacten. Y repetimos la operación hasta alcanzar la altura que queramos pero sin llegar al borde. Presionamos de nuevo y vertemos por encima el resto de la masa reservada, moviendo y golpeando el molde para que se cuele por las cuatro paredes. De esta manera se creará una fina capa de bizcocho que le dará más estabilidad cuando la desmoldemos.

Finalmente, decoramos la superficie con la almendra laminada. Llevamos al horno precalentado con calor arriba y abajo a 180ºC y dejamos cocinar durante unos 50´ o hasta que comprobemos insertando una brocheta que ésta entra con suavidad. Si vemos que se dora en exceso la superficie podemos cubrirla con papel de aluminio.

Mientras se cocina el milhojas, preparamos la salsa toffee. A mí me gusta dejarla hecha el día anterior para que coja cuerpo. Para ello, vamos a dejar preparados los ingredientes porque, una vez que comencemos, el proceso no puede esperar. Por tanto, cortamos la mantequilla en dados chiquitos y calentamos la nata en el microondas, sin que llegue a hervir. En un cazo amplio y a fuego medio vamos a derretir el azúcar sin removerlo con ningún utensilio para evitar que cristalice. Sí que podemos agarrar el cazo por el mango y hacer movimientos giratorios de muñeca para que el azúcar vaya fundiendo uniformemente. Cuando alcance un todo dorado oscuro añadimos la crema de leche caliente y mezclamos vigorosamente con unas varillas de mano. Se formarán burbujas grandes. Cuando éstas pierdan volumen añadimos la mantequilla y batimos con varillas hasta integrar. Nos ha de quedar una salsa sedosa y fluida. Dejamos que enfríe por completo y conservamos en frasco de cristal. La densidad del toffee va a depender del tiempo de cocinado. Cuanto más minutos le demos más denso será. Aún así, tened en cuenta que conforme enfría va espesando.

Una vez que tenemos la tarta cocinada, sin desmoldar, la pasamos a una rejilla para enfriar. Después la llevaremos al frigo, en el mismo molde, un mínimo de 6 horas, mejor de un día para otro. Desmoldamos tirando de el excedente de papel vegetal hacia arriba. Espolvoreamos la superficie con azúcar glass y cortamos las porciones con un cuchillo afilado.
Y ya lo tenemos. Podemos servirla así tal cual, pero si queremos llevarla a otro nivel la serviremos con la salsa toffee que hemos preparado. Pura fantasía!

Que lo disfrutéis.
Ali
