Tarta para Paula

Por lo general a todos nos gustan las sorpresas agradables, verdad? Y es que lo inesperado si es positivo nos genera tal impacto emocional que en cuestión de segundos nuestro pulso se nos acelera y pasamos a un estado en el que se mezclan sentimientos de alegría, euforia, entusiasmo, felicidad…. es decir, un conjunto de sensaciones que hacen de ese instante un momento especial. Quizá sea porque estamos tan acostumbrados a tener todo tan controlado y programado que cuando, sin esperarlo, se presenta en nuestras vidas algo novedoso y además bueno… nos fascina.

Sin embargo, preparar la sorpresa es tanto o más gratificante que recibirla. La ilusión con la que se organiza todo: averiguar los gustos de esa persona, pensar en todos los elementos que se necesitan, planificar el momento clave de la sorpresa, estar en contacto con tus cómplices….. La otra cara de la moneda es la incertidumbre de si saldrá todo bien o si habrá algún contratiempo de última hora, que es fácil que ocurra, es la Ley de Murphy…

La tarta de hoy era una sorpresa para la preciosa Paula por su 23 cumpleaños. Todo estaba planificado para entregarla a la hora de los postres en el restaurante donde lo celebraba. Su reacción cuando apagaron las luces, cantaron el cumpleaños feliz e hice aparición con la tarta fue de lo más emocionante.  Y ella, que es un amor de persona,  tan agradecida como siempre. La ilusión con la que la recibió y la expresión tan alegre de su rostro nos enterneció a todos. Es tan linda!!

Seguid leyendo que os cuento cómo hacerla.

Vamos a hacer tres bizcochos que luego, tras retirar el copete, dividiremos en dos cada uno y así lograr seis capas. 

Ingredientes para cada bizcocho: molde de 15 x 7 cm:

130 g harina

3 huevos “M” a temperatura ambiente

50 g cacao puro en polvo

15 g levadura química

140 ml aceite girasol

200 g azúcar

1 yogur griego natural

Para relleno de trufa:

½ l nata vegetal muy fría

2 c/s colmadas de cacao puro en polvo

Para la cobertura:

½ l nata vegetal muy fría

3 gotitas de aroma de fresa

Para las decoraciones:

Impresión comestible en papel de azúcar

Un trocito de fondant

Azucar isomalt

Colorantes en pasta negro, rosa y blanco

Colorantes en polvo rosa y dorado metalizado

Tira de pelo sintético blanco o rosa

Precalentamos el horno a 175ºC con calor arriba y abajo. Comenzamos con el bizcocho. En un recipiente amplio ponemos el yogur, el aceite y el azúcar y batimos enérgicamente con unas varillas eléctricas hasta que estén bien mezclados. Añadimos los huevos de uno en uno, es decir, hasta que no esté bien integrado el primero no añadimos el segundo y el tercero.

Para finalizar, tamizamos la harina junto con el cacao y la levadura y ahora con unas varillas de mano los vamos incorporando hasta que estén integrados. No hay que sobrebatir para no desarrollar el gluten de la harina o de lo contrario el resultado será un bizcocho mazacote en lugar de tierno y esponjoso.

Engrasamos el molde y ponemos en la base un disco de papel vegetal. Espolvoreamos harina por las paredes y eliminamos el sobrante. Vertemos la masa, le damos un golpe a la base contra la encimera y así eliminamos burbujas del interior. Introducimos en el horno a media altura y horneamos durante 50-55´ dependiendo de cada horno. Comprobaremos la cocción clavando una brocheta en el centro y si sale limpia, apagamos, retiramos el molde del horno y esperamos 10´ antes de desmoldar. Lo sacamos del molde y dejamos enfriar sobre una rejilla.

El bizcocho ha de estar frío por completo antes de rellenar con la trufa por lo que es preferible hacerlo la víspera y envolverlo en film para evitar que se reseque. Repetimos la operación con los otros dos que nos quedan.

Dividimos cada bizcocho en dos discos de 2,5 cm cada uno.

Una buena idea para aprovechar los copetes es hacer unos  deliciosos cake pops. Aquí tenéis una receta que además fue de las primeras que publiqué allá por 2016 (todos tenemos unos inicios… ;-))

Para hacer la trufa tamizamos el cacao sobre la nata vegetal que ha de estar muy muy fría y batimos con varillas eléctricas hasta lograr una consistencia firme y estable pero no muy dura para que nos resulte fácil de extender sobre los bizcochos.

Como habéis visto no hemos incorporado azúcar a la trufa porque la nata vegetal ya viene endulzada. El cacao al ser amargo contrarresta el dulzor y el resultado es una trufa riquísima, casi os diría que mejor que la que suele hacerse con nata común. La nata vegetal tiene la ventaja de que nunca se corta por mucho batido que lleve. Se mantiene estable desde el primer momento sin perder estructura. Y una vez montada no necesita conservación en frío, por lo que es ideal para utilizar en dulces que van a ser expuestos a temperatura ambiente. En resumidas, es una maravilla. Por ponerle un pero, ya viene endulzada, lo cual nos condiciona un poco. En cuanto al sabor no tiene nada que ver con la nata común, pero podemos tunearla a nuestro gusto añadiéndole unas gotitas de saborizante o siropes o pasta de frutas.. vainilla, canela, café soluble disuelto… hay muchas opciones.

Seguimos. Vamos a comenzar con el montaje de la tarta. Sobre una base giratoria colocamos la base de presentación de la tarta y ponemos el primer disco de bizcocho. Con una espátula extendemos una capa generosa de trufa.

Colocamos el segundo disco y repetimos la operación hasta terminar con todos. Llevamos a la nevera para que tome consistencia.

Mientras tanto vamos a preparar la nata para la cobertura. Para ello vamos a batir la nata vegetal junto con el aroma de fresa. Batiremos hasta que veamos que coge cuerpo y es estable para trabajar con ella pero sin excedernos mucho con el batido para que no coja aire, pues en ese caso aparecerían muchas burbujas en la nata y a la hora de cubrir la tarta no quedaría todo lo lisa que queremos. El aroma de fresa es opcional pero le da un punto riquísimo. Yo he puesto 3 gotitas pues al ser aromas concentrados si nos pasamos arruinamos el sabor. Lo mejor es ir probando gota a gota.

Retiramos la tarta del frigo y extendemos una fina capa de la nata montada por todo el contorno de la tarta para sujetar la miga. Con la paleta alisadora retiramos el excedente. La llevamos a la nevera un ratito para que se adhiera bien antes de darle otra capa.  Pasada una 1/2 h retiramos del frigo y damos la segunda y última capa de nata montada esta vez más generosa. Ahora, con la paleta y ayudándonos de la base giratoria vamos a ir alisando la tarta. Siempre digo que esta parte es como trabajo de albañilería,  ya que hemos de pasar la paleta hasta que nos quede la tarta lisa tanto por el contorno como por la parte superior. No desesperéis si al principio no os queda como os gustaría, todo es práctica. Una vez que la tenemos totalmente cubierta y lisa la llevamos a la nevera, no porque necesite frío sino para que coja firmeza.

Vamos ahora con las decoraciones. Para la imagen que colocaremos en la parte frontal vamos a utilizar una impresión comestible en papel de azúcar. Es una especie de oblea de sabor avainillado que esta disponible en establecimientos especializados en artículos de repostería. En este caso he encargado la impresión personalizada con una imagen de la cantante Bad Gyal que tanto le gusta a Paula. Si la colocásemos directamente sobre la tarta,  se humedecería perdiendo la forma. Para evitar eso vamos a estirar muy fino un pedazo de fondant y en él pegaremos la impresión con un pelín de agua con ayuda de un pincelito.

Para hacer el abrigo de pelo vamos a utilizar una tira de pelo sintético. No lo encontré en color rosa que era el que me interesaba así que no me quedó otra que teñirlo con agua + colorante blanco + colorante rosa.

Una vez teñido lo escurrí y dejé secar. Finalmente lo cepillé con un peine de púas finas y así es como quedó.

Para hacer las esferas vamos a utilizar isomalt, que es un sustituto del azúcar y de apariencia similar. Es bajo en calorías y no altera los niveles de glucosa en sangre, por lo que es ideal para personas que sufren de diabetes. Se utiliza normalmente para la elaboración de gominolas, chicles, caramelos, decoraciones para tartas…. Tolera muy bien las altas temperaturas sin alterar su color ni sabor y soporta perfectamente la humedad, de ahí que siempre se mantenga crujiente sin riesgo de que se torne pegajoso con el paso de las horas como ocurre con el azúcar común.

Prepararemos las esferas con unos días de antelación para que no haya incidentes de última hora. Nos quedamos más tranquilos. En este caso vamos a utilizar moldes de silicona de semiesferas de dos tamaños. El isomalt es transparente así que para lograr el color rosa pastel vamos a necesitar de un poco de colorante blanco. Los mezclamos a nuestro gusto. Para las esferas doradas vamos a utilizar primeramente un colorante negro y una vez que han endurecido las pincelaremos con colorante en polvo dorado con ayuda de una brocha de maquillaje.

Haremos las esferas de una a una para evitar quemarnos por accidente. El caramelo es un arma de destrucción masiva, por tanto los niños alejados. Rellenamos la cavidad hasta la mitad y vamos girando para cubrirla toda. Volcamos para eliminar el sobrante sobre un plato ya que ese isomalt lo volveremos a calentar. Continuamos con el resto hasta terminar con todo el isomalt. Es mejor hacer de más, siempre se rompe alguna. Dejamos que solidifiquen y las sacamos del molde con mucho cuidado, pensad que son muy frágiles. Para unirlas entre ellas cogeremos cada semiesfera con una mano (con guantes para no dejar huellas), las colocamos boca abajo en una sartén antiadherente caliente y con un movimiento rápido y preciso las pegamos entre ellas. Y dejamos secar. Una vez secas y para texturizarlas vamos a rociar las de color rosa con el colorante en polvo color rosa.  Y las negras con colorante dorado metalizado. Me encantan como quedan!

Retiramos la tarta del plato giratorio y colocamos las decoraciones. El papel de azúcar se pegará a la tarta sin problemas, sujetándolo unos segundos al principio. Finalmente colocamos las esferas pegando unas con otras con un puntito de isomalt derretido. En este momento hemos de trabajar rápido para que no endurezca el isomalt derretido antes de pegarlas y a la vez con precisión a la hora de unirlas ya que una vez pegadas no podremos modificar nada o se romperán las esferas. Insertamos las velas, un topper y…… c´est fini!!

Por muchos años más querida Paula.

Ali

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