Tarta de Margaritas para Mamá

Es curioso cómo es de selectiva la mente, que somos capaces de recordar anécdotas de cuando éramos niños y, sin embargo, si nos preguntan qué cenamos hace dos días tenemos hacer memoria. Y hoy, que es el día de la madre, me ha venido a la mente una situación que viví con ella cuando contaba con tres añitos y que guardo con especial cariño. Mirad, a esa edad me encontraba yo en plena fase de negación en la que a todo respondía con un NO rotundo. Total que, en una de esas en las que estaba rebelde y quería llamar la atención, en mitad de la rabieta cogí mi pequeña mochila metí el pijama y, enfurruñada, le dije a mi madre que me iba de casa. Así tal cual, muy Sarita yo.  Mi madre, sin pensárselo dos veces y, con la intención de darme un escarmiento, con toda la calma me abrió la puerta de casa y me dijo: hala! pues ya te puedes ir…  Y a continuación la cerró. Creedme si os digo que tengo el recuerdo de aquella sensación de vértigo que experimenté al verme sola sin saber a dónde ir, ni qué iba a pasar. Y es que yo, seguramente ante esa amenaza, lo que esperaba es que ella cediera a mis deseos, pero no que me dejase ir. Estuve sentada en la escalera del rellano unos 5 minutos, no más, y siempre ante la atenta mirada de mi madre a través de la mirilla de la puerta. Pero esos minutos para mí significaron horas. Como era de esperar… rompí a llorar desconsoladamente. A mi madre le faltó tiempo para abrir la puerta y decidme que entrara y, lejos de mostrarse enfadada conmigo, bajó a mi altura y me envolvió en un super abrazo, de aquellos que consuelan y te hacen sentir que todo está bien. No voy a decir que aquello me diera una lección de vida, sería exagerado, pero supongo que algo aprendí porque sino…. porqué no lo he olvidado? Os juro que jamás volví a amenazar con irme de casa, jejejjjejjj…. 

He leído que las margaritas simbolizan la pureza, la inocencia, el amor verdadero… Creo que no podía ser más acertado para el relato de hoy.

Feliz Día a todas las madres y en especial a tí mamá, que aunque lo son todos los días y horas de año, hoy aprovecho para recordarte lo especial que eres y lo mucho que te quiero. Gracias por tanto amor recibido sin pedir nada a cambio.

Os cuento como hacer la tarta de hoy:

Para el bizcocho de vainilla (molde 15 cm)

125 g yogur tipo griego natural

215 g harina

3 huevos “M” a temperatura ambiente

150 ml aceite girasol

180 g azúcar

1 c/p pasta vainilla, pizca de sal 

15 g levadura tipo Royal

Para el almíbar: 

1 vasito de agua + 1 vasito de azúcar + 1 cdta. vainilla en pasta

Para el relleno:

125 g queso mascarpone

200 ml nata líquida 35% m.g.

115 g chocolate blanco de cobertura

mermelada de albaricoque 

Para la decoración:

obleas de papel de arroz

fondant blanco y naranja

alambre verde especial repostería

Lo ideal es dejar preparado el bizcocho la víspera para que no se desmigue al cortarlo.

Precalentamos el horno a 175ºC  con calor arriba y abajo. Engrasamos con mantequilla el interior del molde, colocamos un disco de papel vegetal en la base y espolvoreamos harina por las paredes retirando el sobrante. 

En un recipiente amplio y con unas varillas eléctricas batimos los huevos con el azúcar durante unos minutos hasta que esponjen y blanqueen. A parte, con unas varillas manuales mezclamos el yogur con el aceite y la vainilla y  lo vamos incorporando a la preparación anterior en forma de hilo sin dejar de batir. Finalmente, añadimos en varias tandas la harina que habremos tamizado con la levadura y la pizca de sal y mezclamos a la velocidad más baja o con varillas de mano. No hemos de sobrebatir la masa, solo mezclar hasta que no queden restos de harina. 

Volcamos la masa en el molde y horneamos en horno durante unos 50 minutos aproximadamente  o hasta que al pincharlo con un brocheta ésta salga limpia. Recordad que no es conveniente abrir el horno hasta que no hayan pasado las  3/4 partes del tiempo de horneado para evitar hundimiento en el centro.

Una vez lo tenemos hecho, retiramos el molde del horno, dejamos reposar unos 10 minutos dentro del mismo molde y seguidamente desmoldamos sobre una rejilla hasta que enfríe totalmente. A continuación, lo envolvemos en film para que no se reseque. 

La víspera dejaremos hecho también el almíbar, poniendo a hervir el agua, el azúcar y la vainilla durante 2 minutos a fuego medio. Vertemos en frasco de cristal,  dejamos enfriar y ponemos la tapa.

Y finalmente, vamos de dejar hecha la primera parte de la crema de relleno.

Para ello, vamos a poner a calentar la nata junto con el chocolate en un bol al baño María, removiendo de vez en cuando, procurando que el cazo no entre en contacto con el agua, es decir, solo vamos a utilizar el vapor. Cuando no queden restos de chocolate, retiramos y cubrimos con film a piel. Dejamos que enfríe por completo y a continuación lo llevamos a la nevera un mínimo de 6 horas. Nosotros lo dejaremos toda la noche. Es importante que esté muy frío.

Al día siguiente, con ayuda de una lira o cuchillo de sierra dividimos el bizcocho en 3 capas, de 2,5 cm retirando el copete. Me gusta utilizar una lira porque el corte es limpio y asegura capas del mismo grosor.

Vamos a terminar de preparar la crema de relleno y, para ello, vamos a retirar el chocolate que hemos dejado enfriando en la nevera y lo ponemos en un recipiente amplio. Comenzamos a batir con varillas eléctricas y cuando veamos que va tomando cuerpo añadimos el queso mascarpone frío de nevera. Batimos hasta que veamos que las varillas crean surcos profundos en la crema, será momento de parar. Y ya la tenemos lista para usar. Pero OJO con pasarnos de batido porque corremos el riesgo de que el suero se separe del queso y la crema se vuelva granulosa. Si nos ha pasado eso, tranquilos, tiene solución. Consiste en añadir un chorrito de nata líquida fría y mezclamos con una espátula de mano. Esta es una crema maravillosa, os puedo jurar y perjurar que es de las que más me gustan, tiene una textura sedosa y un sabor increíble. Con deciros que la que sobró me la comí a cucharadas 🙂 Está en mi top nº 2 de cremas favoritas, el número 1, sin duda, se lo lleva la crema pastelera, le seré fiel siempre 🙂

Comenzamos a armar nuestra tarta colocando el primer disco sobre una base y bajo ésta una base giratoria que nos servirá de ayuda a la hora de decorarla. Emborrachamos ligeramente los bizcochos con el almíbar. Con ayuda de una manga pastelera cubrimos la capa de bizcocho y extendemos con una espátula.

A continuación untamos una capa de mermelada de albaricoque por encima. El sabor de la mermelada es a elección. Yo he escogido esta porque tiene matices ácidos que combinan muy bien con la crema de mascarpone y chocolate blanco, evitando que quede empalagosa. Si tenéis la oportunidad de utilizar una mermelada casera, tanto mejor. La que veis aquí la hice el año pasado aprovechando la caja de albaricoques que me regaló una vecina de su árbol. En otra ocasión publicaré una entrada para que veáis que fácil es y el resultado no tiene nada que ver con el industrial.

Repetimos operación con el siguiente bizcocho y finalmente colocamos encima la última capa de bizcocho que nos queda, a modo de tapa. Extendemos una ligera capa sujetamigas con la crema de mascarpone, alisamos con la espátula  y llevamos a la nevera mientras preparamos las decoraciones.

Comenzamos cortando las obleas de arroz en tiras verticales que sean de la misma anchura y, en cuanto a la altura, pues la que nos dé la tarta más 1 centímetro extra. No os preocupéis si no quedan totalmente rectas, las irregularidades también favorecen que se vea un acabado más natural y artesanal. Vamos a reservar varias hojas de papel para poder envolver la tarta primero.

Medimos la altura, colocamos las láminas de papel de arroz por el todo el contorno y, con ayuda de nuestras manos, presionamos ligeramente para queden pegadas. Hasta ahí bien verdad? Ahora viene la parte más entretenida. La única manera de que las tiras queden pegadas es, o bien utilizando pegamento comestible que untaríamos con un pincel por el borde de la parte que entra en contacto con la tarta o, humedeciéndolas ligeramente con agua. Hacedlo como más cómodo resulte. Yo lo que he hecho es poner un pelín de agua en una bandeja y cogiendo la tira por ambos extremos, he humedecido un par de milímetros el largo de la tira y rápidamente colocarla sobre el contorno de la tarta, dejando que se ondule de forma natural, creando pliegues suaves. Se queda pegada inmediatamente. No probéis de humedecerla con un spray porque se arrugará toda la tira y ya no nos servirá. Pensad que estas obleas son como las hostias consagradas que dan para comulgar.  Las iremos colocando una junto a la otra, rodeando la tarta hasta cubrir todo el contorno. Armaros de paciencia porque lleva su rato. El papel de arroz tiene la particularidad de cualquier decoración resulta ligera y elegante, permite crear figuras con volumen sin añadir peso visual. una vez que hemos terminado de colocarlas por todo el contorno, comprobamos si hay alguna que sobresalga en exceso y la recortamos. 

Unos días antes dejaremos hechas las margaritas, para ello he utilizado un cortador con impulsor. Con un rodillo especial para fondant lo estiramos sobre una superficie plana espolvoreada ligeramente con harina de maíz o azúcar glass. Cortamos las piezas, hacemos bolitas chiquitas de color naranja simulando los estambres y, para que éstos se vean más realistas, les damos unos pequeños toques con un palillo. Y montamos de la siguiente manera: insertamos en cada alambre una bolita naranja y la ponemos boca abajo, después con un pincel mojado con agua pincelamos la parte de la bolita que entrará en contacto con los pétalos para que se queden pegados. Sujetamos unos segundos para que acaben de adherirse. Giramos el alambre y los clavamos sobre una pieza estable, mirad os doy una idea: he cogido una naranja, he hecho un corte para hacer la base y una vez apoyada contra la encimera he ido clavando todas las margaritas. Necesitan secarse. Otras las he dejado sueltas sin alambre para decorar. Estos alambres son especiales para repostería y podemos encontrarlos en tiendas especializadas en productos de repostería o por la web.

Antes de que sequen por completo les daremos algo de movimiento a los pétalos y al tallo para que parezcan naturales. Iremos colocando nuestras margaritas sobre la tarta a nuestro gusto pero sin que se vea caótico. Este es el momento más divertido.
 

Y ya la tenemos terminada. 

Ahora sí, llega el momento esperado, el de probarla.

Que paséis un feliz día.

Ali

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