
Tener 12 sobrinos como es mi caso implica, a parte de tener una agenda social repleta de cumpleaños y eventos, padecer cierta dificultad a la hora de recordar la edad de cada uno de ellos. Y quizá penséis que estoy exagerando pero ya os digo yo que no. Así que no me queda otra que utilizar la estrategia de memoria asociando anécdotas personales o acontecimientos que ocurrieron en el año de sus nacimientos, por ejemplo: recuerdo que fulanito nació el año en que me rompí el brazo y menganita nació el año en que cayó la nevada en pleno mes de mayo…. Algo parecido a los juegos de palabras que hacíamos para recordar datos o fórmulas en un examen. Y así es como voy tirando. Lo malo será cuando no recuerde en qué año sucedieron esas, que con esta memoria que tengo… a veces pienso que tengo la cabeza únicamente para llevar pelo ejejjj…..
Pues bien, en el 2008, año en que se celebraron los Juegos Olímpicos en Pekín es decir, hace 18 años, nació Eric, el noveno de ellos en orden descendente. Eric, es un adolescente entrañable y cariñoso al cien por cien, da igual si te ha visto hace dos días como si han pasado cinco meses, sabes que el super abrazo de esos que crujen costillas te lo va a dar. Y si además va acompañado de un “tía cuanto te quiero” no puede hacerme más feliz. Es de esas personas con las que encuentras paz a su lado. Cómo lo adoro!
Siempre digo que los sobrinos son como hijos regalados con los que creas un vínculo especial y con los que tú adoptas el rol de superhéroe/ína pues con ellos te conviertes en el cómplice perfecto, en el consejero divertido y en esa persona que les consiente porque contigo hacen lo que quieren (dentro de un orden)…. en fin, en la tía molona.
Con motivo de la Festividad de Quintos que cada año se celebra en mi pueblo, le preparé esta tarta personalizada tomando como referencia su afición por la informática. Se trata una tarta Fault Line Cake, la cual se caracteriza por su efecto quebrado. Es una técnica de decoración que simula una grieta rústica dejando ver el interior. En este caso, he querido reproducir una torre de un ordenador, dejando a la vista la placa que se halla en su interior.
Os cuento cómo hice esta tarta:
Vamos a hacer 2 bizcochos en molde cuadrado de 25 x 25 cm, los cuales dividiremos en 4 cuadrados, obteniendo así 8 capas de bizcocho.
Para cada bizcocho:
180 g harina
3 huevos “M”
40 g cacao black intenso Van Houten
130 ml aceite girasol
1 yogur griego natural
75 g azúcar
1 sobre levadura química
Para la ganache de contención:
300 g chocolate blanco especial cobertura
200 ml nata líquida 35% m.g. caliente
480 ml nata líquida 35% m.g. fría
Para el relleno:
250 g queso mascarpone frío
400 g de nata líquida 35% m.g.
230 g chocolate blanco especial cobertura
pizca de sal
Para la ganache de cobertura:
750 g chocolate blanco especial cobertura
300 ml nata líquida 35% m.g.
colorante en pasta color negro
Otros:
impresiones comestibles en papel de azúcar
colorante líquido color oro metalizado
pan de oro comestible (opcional)
Es una tarta que requiere varias preparaciones, por lo que la vamos a hacer en dos días.
El primer día preparamos los bizcochos. Para ello vamos a poner a precalentar el horno a 175ºC con calor arriba y abajo.
En un recipiente amplio y con ayuda de unas varillas manuales o eléctricas (no cuchillas) vamos a batir vigorosamente el yogur con el aceite y el azúcar hasta que estén bien mezclados. Añadimos los huevos uno a uno, es decir, hasta que el primero no esté integrado no añadimos el segundo y el tercero. Tamizamos la harina junto con la levadura y el cacao y lo añadimos a la preparación anterior. Este cacao tiene un sabor intenso a cacao, nada dulce y añade un color bastante oscuro a nuestros bizcochos. Bajamos a la velocidad al mínimo y mezclamos hasta que no queden restos de harina pero sin sobrebatir la mezcla.
Untamos el molde con mantequilla y forramos la base y las paredes con papel vegetal de la siguiente manera: hacemos dos tiras largas del ancho de molde, acoplamos la primera y colocamos la segunda en cruz, dejando que sobresalga el papel unos 3 cm de los bordes para poder desmoldar con facilidad. Vertemos la mezcla e introducimos en la bandeja intermedia del horno. Horneamos durante 20´.
Retiramos del horno, dejamos reposar en el molde unos 5 minutos, desmoldamos sobre una rejilla y preparamos el segundo bizcocho.
Una vez fríos y con ayuda de una lira cortamos cada bizcocho en cuatro cuadrados de manera que tengan un grosor de unos 2,5 cm de grosor. Envolvemos individualmente en film transparente para que conserven la ternura.

El día anterior dejaremos preparada también la ganache montada para contención. Para ello, vamos a trocear el chocolate bien pequeñito y derretimos al baño maría. Calentamos los 200 ml de nata y la añadimos al chocolate en tres tandas, removiendo hasta integrar. Podemos pasarle la batidora de cuchillas unos segundos. Añadimos la nata fría y removemos con varillas hasta lograr una crema homogénea. Cubrimos con film a piel y llevamos al frigo toda la noche. Al día siguiente la montaremos con ayuda de unas varillas eléctricas durante un minuto para aligerarla y poder trabajar mejor con ella. Veréis que se torna algo más blanquecina.

Sobre una base giratoria colocamos la primera capa de bizcocho. Llenamos una manga pastelera con la ganache y hacemos un borde. De esta manera el relleno no se aplastará con el peso evitando así que se salga por los bordes.

El día anterior habremos dejado también preparada la primera parte de la crema de relleno. Para ello, ponemos en un cazo el chocolate junto con la nata líquida y lo llevamos al baño maría hasta que se derrita, teniendo especial cuidado de que el agua no toque el recipiente del chocolate, solo el vapor. Una vez derretido añadimos la pizca de sal y removemos con varillas hasta homogeneizar. Cubrimos con film a piel, dejamos enfriar por completo a temperatura ambiente y seguidamente la llevamos al frigo toda una noche o mínimo 6 horas.
Al día siguiente con una batidora eléctrica de varillas comenzamos a batimos a velocidad media-alta. Cuando veamos que va cogiendo algo de cuerpo añadimos el queso mascarpone frío a cucharadas y continuamos batiendo. Veremos que las varillas empiezan a dejar surcos en la crema y que va adquiriendo cuerpo y espesor. Es el momento de dejar de batir, ya la tenemos lista.

Rellenamos el hueco con la crema de mascarpone y alisamos con una espátula. Colocamos encima la segunda capa de bizcocho y repetimos la operación hasta terminar.

Colocaremos la última a modo de tapa. Insertaremos unos pilares de madera o plástico especiales para repostería para garantizar la estabilidad de la estructura de la tarta ya que al ser una tarta alta hay riesgo de que pueda vencerse, las capas de bizcocho se mantendrán alineadas a la hora de decorarla y sobre todo si hay que transportarla.

La última preparación que dejaremos hecha la noche anterior es la ganache de cobertura. Para ello vamos a trocear el chocolate bien pequeñito. Calentamos la nata y cuando alcance el punto de ebullición retiramos del fuego y vertemos sobre el chocolate. Dejamos reposar 1 minuto y a continuación removemos hasta lograr una crema sedosa. Si quedan grumos, podemos usar una batidora de mano (turmix) manteniéndola siempre sumergida para no meter aire. Añadimos una pizca de colorante negro para lograr el color gris. Añadimos un poquito y si es necesario ponemos un poco más hasta conseguir el color deseado. Tened en cuenta que con el reposo la tonalidad sube. Si nos pasamos no podremos arreglarlo. Cubrimos con film a piel para evitar que se forme costra y dejamos reposar a temperatura ambiente toda la noche.

En este caso no la vamos a montar. Ahora con una espátula vamos a untar una ligera capa de esta ganache por todo el contorno de la tarta. A esta primera capa se le llama sujeta-migas. Con ello evitamos que las migas de bizcocho se mezclen con la decoración final asegurando un acabado limpio. Hemos de trabajar con rapidez porque una vez aplicada endurece rápido. La alisamos todo lo que podamos, aunque en este punto no es necesario que quede perfecta.

Colocamos nuestra transferencia de papel de azúcar presionando con delicadeza para que se adhiera. Este elemento decorativo lo podemos encargar personalizado en tiendas especializadas en repostería. Tan solo hay que enviar una fotografía de lo que queremos imprimir. Llevamos la tarta al frigo 1/2 h.

Retiramos del frigo y aplicamos una capa de ganache un poco más generosa por todo el contorno, comenzando por la parte inferior y terminando por la superior, dejando la transferencia a la vista y, rápidamente antes de que endurezca, pasamos la paleta alisadora. La grieta o línea quebrada que se forme la dejaremos tal cual quede, es decir, que tenga aspecto rústico, sin pulir.
Truco: Para un mejor acabado podemos calentar el scraper o la espátula en agua caliente y pasarla de nuevo. El calor del metal fundirá ligeramente la superficie de la ganache eliminando imperfecciones.
Disculpad que no haya foto de este paso, se me pasó tirarla.
Finalmente vamos a pincelar los bordes de la grieta con el colorante líquido oro metalizado para resaltar la línea de la fractura, le aporta elegancia.

Colocamos dos pedacitos de papel oro comestible y tarta terminada!!

Felicidades querido Eric. Un abrazo enorme de la tía Ali, que te quiere con locura.
Hasta la próxima. Que seáis felices.
Ali
