Tarta Tiramisú

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Hoy vengo con un postre italiano conocido por tod@s: el Tiramisú. Y digo por tod@s porque, decidme……  sabéis de alguien que no lo conozca? Yo la verdad es que no. Es un postre tan sumamente delicioso y tan sencillo de preparar que es raro que no lo hayamos hecho por lo menos una vez en la vida, sobre todo cuando llega el buen tiempo y no nos apetece encender el horno, eh que sí?

Y es curioso porque casi siempre lo asociamos a una celebración o cuando tenemos invitados en casa, pues sabemos que el éxito está asegurado ya que suele gustar a la mayoría.

Y eso es precisamente lo que he hecho yo, prepararla para celebrar el cumpleaños de Jose Manuel. Y os preguntaréis…… quien!? Pues mirad, es esa persona especial que forma parte de mi vida y que me tiene robado el corazón desde hace muchos muchos años. Lo adoro. Ainsssss….. el amor!!  😉 Y siendo que le encanta el tiramisú no he encontrado mejor ocasión para preparárselo que en su aniversario. Tan contento que se ha puesto! Y es que no cuesta nada hacer felices a los que quieres y en un día como hoy, pues aún menos.

Pero en lugar de presentarla como normalmente estamos acostumbrados a ver, es decir, en una bandeja tipo fuente de horno, la he preparado en formato tarta, para que tenga una apariencia más bonita y festiva. Al ser una tarta que no tiene estructura tan firme como otras, la he rematado por todo el contorno con bizcochitos duros para que se sujete mientras adquiere cuerpo y textura en la nevera. Por ello, lo ideal es prepararla la víspera y refrigerarla. Además de que reposada y fría está mucho más rica. 

Dependiendo de cómo la hagamos de grande seguramente nos va a sobrar crema del relleno. En ese caso, podemos aprovecharla preparando el tiramisú en vasitos, que quedan muy resultones también y son mucho más cómodos. O también podemos sentarnos en el sofá con las piernas cruzadas a lo indio y comérnosla a cucharadas. Eso ya…… como cada cual quiera  jejejejjj….. Cual de las dos opciones creéis que escogería yo?  Habéis acertado….. la segunda 😉

Venga va, que comenzamos a prepararla. Por cierto, al final de esta entrada, en el apartado de consejos y sugerencias os explicaré otra forma de hacerla si la preparamos en verano, en esos días en los que hace calor extremo, pues ya sabéis que al llevar huevo en crudo sin horno se corre el riesgo de intoxicación por salmonela. Se trataría de pasteurizarlo. Pero vamos…… que yo no lo he hecho nunca así porque pienso que si está bien conservada en la nevera y se saca justo en el momento de consumir no tiene por qué pasar nada. Diferente es si la dejas  fuera de la nevera mucho rato. Pero esto es como con cualquier otro alimento, las temperaturas altas no benefician nada, todo lo corrompen. Lo que pasa es que con el huevo aún es más delicado el asunto. Por ello os indico cómo hacerlo por si os interesa en alguna ocasión.

Para la plancha de bizcocho genovés:

4 huevos “L” a temperatura ambiente

120 g harina

120 g azúcar

esencia de vainilla

Para el relleno y cobertura:

500 g queso mascarpone

5 huevos “L”

250 g azúcar glass

cacao puro en polvo

bizcochitos duros

virutas de chocolate

Para el almíbar de café:

1 vaso de café expresso

100 g azúcar

100 ml agua

30 ml licor Amaretto

Primero de todo vamos a preparar una plancha de bizcocho. El más adecuado para este postre es el genovés. Necesitamos un bizcocho que sea muy sutil, liviano y ligero como éste. Su textura es como la de los clásicos melindros o bizcochos de soletilla, solo que para hacer el bizcocho extenderemos toda la capa de masa por la bandeja del horno. No probéis de hacer bizcocho de yogur o mantequilla….. el resultado no será el mismo ni por asomo. Si preparáis este postre en una fuente o en vasitos, lo auténtico es usar los melindros, pero para la tarta yo prefiero utilizar bases de bizcocho.

Mientras lo preparamos pondremos a precalentar el horno a 170ºC con calor arriba y abajo. Ya habéis visto qué poquitos ingredientes lleva este bizcocho. Ni siquiera lleva levadura ni impulsores y el resultado es fantástico. Mirad, en primer lugar vamos a batir muy bien los huevos con el azúcar y la vainilla hasta que tripliquen el volumen y la mezcla se vuelva blanquecina. Los huevos deberán estar a temperatura ambiente para que monten bien. Este paso os llevará unos 10 minutos aprox. en batidora de varillas eléctrica. Gracias al batido continuado y prolongado de los huevos con el azúcar la mezcla cogerá aire en su interior. Este es el secreto para que nos quede tan esponjoso sin necesidad de utilizar impulsores. Mirad, así es cómo ha de quedar ese batido.

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A continuación, tamizamos la harina y la añadimos a la preparación anterior, mezclando con movimientos envolventes para que no se nos baje la mezcla. Forramos una bandeja de horno o un molde amplio con papel vegetal y vertemos la mezcla. Introducimos en la rejilla central del horno y horneamos durante unos 20 minutos. 

Otra forma de hacerlo es batiendo las yemas con el azúcar, añadir la harina tamizada y finalmente mezclar las claras batidas a punto de nieve. Sin embargo, a mí me funciona mejor de la otra manera y siempre lo hago así.

Desmoldamos y dejamos enfriar por completo.

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Continuamos ahora con el resto de preparaciones. Vamos a retirar del frigo los huevos y el mascarpone para que se atemperen. Mientras tanto, vamos a ir preparando el almíbar  de café. Para ello, llevamos al fuego un cazo con el azúcar y el agua. Dejamos que hierva durante unos 3 minutos, retiramos y añadimos el vaso de café y el licor. Mezclamos y dejamos entibiar.

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Para hacer el relleno vamos a montar las claras a punto de nieve. En mitad del proceso le añadimos 1/3 parte del azúcar en forma de lluvia. Una vez montada la reservamos en la nevera.

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Por otro lado, batimos las yemas junto con el azúcar restante hasta que blanqueen y aumenten de volumen. Esto nos llevará unos minutos, pero es importante hacerlo así para que la textura final sea muy fina. Reservamos también en la nevera. El mascarpone lo batimos unos segundos para ablandarlo y a continuación añadimos las yemas y mezclamos. Por último, en varias tandas y con movimientos envolventes vamos a incorporar las claras montadas a la mezcla de yemas y azúcar.

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Con ayuda de un aro grande vamos a recortar 3 círculos de bizcocho. Colocamos el primero de ellos en la base y con un pincel o una cucharilla lo mojamos con el almíbar de café que, os recuerdo, deberá estar tibio, nunca caliente o absorberá tanta cantidad que se nos desharán. Es mejor quedarnos cort@s a pasarnos. Después con el reposo de nevera van a acabar de humedecerse. A continuación, extendemos una capa de crema. Si lo hacemos con manga pastelera nos aseguramos de que ponemos la misma cantidad de crema sobre cada capa.

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Colocamos una segunda capa de bizcocho y repetimos la operación. Hasta aquí sería suficiente si lo presentásemos en una fuente o en vasito, es decir, dos pisos. Pero como es una tarta le vamos a dar un poco de altura con una tercera capa de bizcocho, almíbar y crema. Para que se nos peguen bien los bizcochitos duros alrededor de la tarta, vamos a untarla ligeramente por todo el contorno con un poco más de crema. Previamente a acoplarlos, habremos tomado medida de la altura a la que los queremos dejar y los recortaremos por la base, dejando que sobresalgan un par de centímetros por arriba. La llevaremos a la nevera para que se asiente y coja textura. La conservaremos ahí hasta el momento de servir, mínimo 4 horas.

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La sacaremos 10 minutos antes y será en ese momento cuando con ayuda de un colador o tamiz espolvorearemos el cacao en polvo sobre la crema. Tened en cuenta  este detalle, ya que si lo hacemos cuando aún no ha enfriado, el cacao se humedecerá y quedará hecho una pasta con lo que ya no tendrá esa apariencia aterciopelada.

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Sin embargo, yo os traigo otra opción para la decoración. Se trata de espolvorear el cacao cuando la tarta aún no ha enfriado, de esta forma se fusionará con la crema y, a continuación, cubrir la superficie con chocolate rallado o en virutas que podemos hacer fácilmente con un pelador de vegetales. La combinación es muy buena y el acabado es distinto a lo corriente.

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Y de esta forma la podemos dejar terminada del todo en la nevera sin tener que andar con decoraciones a última hora.

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Ahora toca pedir un deseo y apagar la vela de un único soplido para que se cumpla, o eso dicen… 😉

Ya os digo yo que esta tarta no dura ni un suspiro. Es de esas que te sirves en el plato y que cuando te la has terminado te lías a cucharadas con la que ha sobrado porque no puedes parar. Y te dices a tí mism@, esta es la última cucharada. Pero detrás de esa va otra….. y  otra…. hasta que desaparece. En fin, para mí es de las mejores tartas del mundo. No es para nada empalagosa y la combinación de todos los ingredientes es excelente. A la hora de servirla, lo haremos con cuidado porque es supertierna y se puede desmoronar.

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No me digáis que el corte no es goloso. Así que si alguien no ha probado de hacerla todavía, le invito a que la haga y se marque un postre de diez. Las felicitaciones están aseguradas. 

CONSEJOS Y SUGERENCIAS:

*Como tantas otras preparaciones, este postre también admite variantes. Hay quien añade nata montada a la preparación en sustitución de las claras batidas a punto de nieve. O quien le pone gelatina a la crema para mantener la estabilidad (es un buen recurso). Y hay quien en lugar de licor Amaretto utiliza brandy o ron. Pero yo aquí discrepo pues como el Amaretto no hay otro. Le da un puntito muy especial.

*Utilizad cacao puro en polvo. No lo sustituyáis por cola-cao o similar, pues el cacao amargo es lo que le va bien para equilibrar sabores.

*Y ahora, como os decía al principio, os voy a indicar cómo pasteurizar las yemas y las claras por separado, por si os decidís a prepararlo así. Mirad, para pasteurizar las yemas vamos a comenzar batiendo las 5 yemas con 80 g de azúcar granulada (no glass) en una batidora eléctrica. Aparte, ponemos a hervir 30 ml de agua con 90 g de azúcar granulada. Cuando alcande los 121ºC que es la temperatura que hace falta para destruir la salmonela, retiramos del fuego y vamos vertiendo en forma de hilo sobre las yemas sin dejar de batir para que no se cuajen. Batimos durante unos 10 minutos o hasta que se forme una crema blanquecina y haya aumentado de volumen. Y ya las tendríamos listas para utilizar, pero ojo! primero han de enfriar antes de mezclar con el resto de ingredientes. Para pasteurizar las claras comenzaremos a montar éstas en una batidora  de varillas eléctrica. Aparte, vamos a preparar un almíbar como el que hemos preparado para las yemas. En este caso, utilizaremos 80 g de azúcar granulado y 40 ml de agua. Una vez que alcance los 121ºC verteremos, con cuidado de no salpicar, sobre las claras que habrán comenzado a espumar y dejamos que se vayan montando hasta lograr un merengue firme y el recipiente se enfríe. Así, como el que no quiere la cosa, hemos hecho un merengue italiano en toda regla. Y ya podemos hacer nuestra tarta aunque estén cayendo 40ºC sobre nuestras cabezas que no habrá ningún problema de intoxicación.

Pues hasta aquí la entrada de hoy. Os dejo que me he dado cuenta de que ese pedacito de tarta no deja de hacerme ojitos 😉

Que seáis felices. Un beso

Ali

 

 

 

2 comentarios sobre “Tarta Tiramisú

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