Trufas de macadamia

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Hoy vamos a hacer unas trufas que no van a dejar a nadie indiferente. Y os confesaré una cosa, aunque no lo creáis no soy mucho de bombones, en serio. Y sé que es un recurso muy socorrido para regalar y que son del agrado del que los recibe porque, a quién no le gusta que le regalen bombones, eh… a quién?   Pues quizá yo sea la única persona en el mundo.  Llamadme rara, pero…. es así…. Y la verdad es que las veces en que me los han regalado he tenido que echar mano de mis dotes de actriz para recibirlos con una amplia sonrisa, porque si algo tengo es que soy agradecida y también porque aprecio el detallazo pero vamos…. que no me da por coger uno.  Qué penita, con lo bonitos que son!  Quienes me conocen como lo saben ya lo descartan como opción de regalo. Sin embargo cuando se trata de trufas, eso ya es es otro tema. Y me diréis, pues si es lo mismo!  Pues tengo que deciros que no, no es lo mismo…. los ingredientes sí lo son pero en cuanto a elaboración y resultado final no tienen nada que ver.  Los bombones tienen un interior cremoso y a veces fluído y están cubiertos de chocolate atemperado que al solidificar cruje. Mientras que las trufas, tienen un interior cremoso y por lo general se rebozan en cacao puro, o también en coco rallado, almendra en cubitos, fideos de chocolate…. echad un vistazo a  éstas, el relleno es el clásico pero la cobertura cambia. A partir de ahí, tanto los bombones como las trufas admiten muchas variantes como pueden ser licor, trocitos de frutos secos, aromas, frutas desecadas…..  Así que hoy vamos a preparar unas trufas partiendo de unas nueces de macadamia caramelizadas, cubiertas con una capa de ganache de chocolate blanco con minúsculos trocitos de esas nueces también caramelizadas y para finalizar las vamos a rebozar en cacao amargo. De estas sí que me puedo meter entre pecho y espalda unas cuantas porque me pirran. Son varias las preparaciones que hay que dejar hechas antes de darles forma pero merece realmente la pena, creedme.  Además se conservan en perfecto estado  durante días en un recipiente hermético dentro del frigo, si es que no os las coméis todas de una atacada 😉  También podemos congelarlas y sacarlas para esos momentos en que tenemos mono de dulce y no tenemos ni una triste galleta a la que recurrir.   Mirad,  os cuento cómo hacerlas. 

Vamos a necesitar:

100 g nueces de macadamia

100 g azúcar 

Para la ganache:

160 g chocolate blanco

120 ml nata líquida 35% m/g

Para el rebozado:

cacao puro en polvo 

Comenzamos separando las nueces en dos montones iguales para hacer dos elaboraciones con ellas. Clavamos un palillo a las nueces de uno de los montones, ahora veréis para qué. Vamos a preparar un caramelo poniendo el azúcar en un cazo a fuego medio y dejamos que se derrita, sin tocarlo con ningún utensilio porque podría cristalizar. Lo que sí podemos hacer es coger el cazo por el mango y con movimientos giratorios de muñeca ir moviendo el caramelo para que vaya fundiendo uniformemente. Hay que estar muy atentos porque el caramelo pasa de estar dorado a quemarse en cuestión de segundos y si se quema ya lo podemos tirar porque amarga.  No hace falta que os diga que las quemaduras de caramelo son de las más peligrosas que hay así que, aunque el olor que desprende mientras se derrite os incite a probarlo, poned los cinco sentidos y ni se os ocurra,  es un arma de destrucción masiva!  Bien, una vez que tenemos el caramelo en su punto bajamos el fuego al mínimo para que se mantenga caliente. Cogiendo de una en una las nueces por el palillo,  las vamos bañando en el caramelo y dejamos enfriar. Yo las he clavado en una bola de porexpán pero perfectamente podéis utilizar una manzana o naranja por ejemplo, haciéndoles un corte recto en la base para que no se vuelquen.

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En el caramelo sobrante echaremos el resto de nueces y removemos con una espátula de silicona para que se impregnen bien. Mmmm…. las nueces de macadamia son lo más! Tienen un puntito salado que combinado con el dulce las hace irresistibles. 

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A continuación las dejaremos enfriar por completo sobre papel vegetal.

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Con estas nueces, una vez que hayan enfriado, lo que vamos a hacer es un pralín (que no praliné) es decir,  triturarlas sin llegar a molerlas del todo para que queden trocitos y le aporten un punto crujiente a los bombones. El praliné sería si las triturásemos hasta formar una crema con el aceite que suelta la nuez.

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Nos falta otra elaboración por hacer y es la ganache de chocolate blanco. No tiene ninguna complicación, simplemente vamos a trocear el chocolate lo más pequeño que podamos y lo ponemos en un recipiente. Calentamos la nata y cuando alcance el punto de ebullición retiramos y vertemos sobre el chocolate. Dejamos reposar un minuto y seguidamente con unas varillas removemos hasta lograr una crema.

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A continuación añadimos el pralín y mezclamos. A esta preparación se le llama pralinoise. No hay como documentarse bien para llamar a cada cosa por su nombre ejejej….  🙂

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Esta crema la hemos de dejar reposar durante unas horas en la nevera hasta que adquiera consistencia densa. Yo la he dejado preparada de un día para otro cubierta con film.

Con todas las elaboraciones ya hechas, vamos a darle forma a las trufas.  Para ello, con ayuda de dos cucharas vamos a envolver cada una de las nueces en una capa gruesa de ganache. Una vez las tenemos todas cubiertas las llevamos un buen rato a la nevera para que endurezca la ganache antes de darles forma más redondeada. Para ir más rápido podemos meterlas en el congelador un rato hasta que veamos que podemos trabajarlas. 

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Retiramos del frigo o congelador, nos humedecemos ligeramente las manos y sin manipularlas demasiado ni presionarlas les damos forma de bola a cada una de ellas. Finalmente las rebozamos en cacao puro. 

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Otra manera de cubrirlas es poniendo el cacao en una bolsa de las de conservar alimentos. Introducimos 2 ó 3  trufas, no más. Cerramos la bolsa con la mano de manera que quede aire en el interior y la agitamos cuidadosamente para que se rebocen. 

Y ya las tenemos listas! 

La sensación en boca cuando tomas una de estas trufas es brutal, porque en un solo bocado percibimos varias sensaciones: el crujiente del caramelo, la cremosidad del chocolate blanco y la textura aterciopelada del cacao. Mmmmmm….. madre mía, de aquí al cielo!!

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Que aún no las habéis hecho?  No me lo puedo creeeeeeer…..!  Venga animaros…. que todavía estáis a tiempo 🙂

Besos y hasta la próxima.

Ali

 

 

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