
Fui consciente de que necesitaba urgentemente gafas el día en que me vi pegando la nariz al producto que llevaba en la mano para ver la fecha de caducidad. Elegí unas progresivas a las que, por cierto, nunca me adapté y no fue porque no lo intenté. Lo de estar constantemente buscando el punto focal no lo llevaba bien, me mareaba como cuando viajas por una carretera de curvas y no ganaba para Gelocatiles.
Así que, ahora llevo unas de cerca y otras de lejos. ¿Qué os parece? Lo mismo que a mí: un engorro, no las soporto. Me molestan muchísimo, se ensucian con solo mirarlas y siempre las estoy perdiendo por casa. Además, se rayan con facilidad y se empañan con los cambios de temperatura, como cuando abro el horno encendido o al entrar en un establecimiento en pleno invierno (lo de meterme en una sauna no entra en mis planes). Y ya no os digo sobrevivir a un día de lluvia sin paraguas… eso es misión imposible. Nunca tienen el ajuste perfecto: o se aflojan con el uso o te aprietan demasiado, dejando una marca horrorosa. A mí, que en verano me encanta la playa, ahora se ha convertido en toda una odisea para mí. Y es que salir del agua sin ver tres en un burro te quita toda la dignidad. Voy buscando mi sombrilla intentando enfocar con los ojos entornados, desorientada y perdida como si buscara el Santo Grial, esquivando toallas y con el miedo real de terminar acoplada en la hamaca de un desconocido. ¡Qué estrés!
Y qué deciros de esa gente que ve tus gafas y siente la imperiosa necesidad de probárselas. Pero el verdadero drama no es ese, no. Lo peor es que tienen la brillante idea de agarrarlas por los cristales en lugar de por la patilla, como si estuvieran cogiendo un trozo de pizza. Ya es el colmo! Total, que te las devuelven tan cubiertas de huellas que dan ganas de guardarlas en una bolsa de pruebas y entregárselas al CSI. Por eso, en ocasiones no me las pongo y así me pasa: me saludan de lejos y no sé si es a mí o al que viene detrás, no distingo nada. Vale, acepto que hay un toque de drama y exageración en esto, pero es que de verdad no distingo nada. ¿Alguien se siente identificado? Por favor, decidme que sí.
Desde hace un tiempo tengo en mente operarme, pero nunca llega el día. Cuando no es por pitos, es por flautas… Se me está haciendo más largo que un día sin pan. Sin embargo, hay momentos en los que no me hace falta llevarlas. Por ejemplo… para disfrutar de este delicioso helado de pistacho; os aseguro que como mejor sabe es con los ojos cerrados.
Os cuento cómo hacerlo:
Necesitamos:
500 ml nata para montar (35% m/g)
250 ml leche entera
150 g azúcar
150 g pistachos pelados
10 g Maizena
3 yemas de huevo
Lo primero que vamos a hacer es la pasta de pistacho. Para ello, ponemos a remojar los pistachos sin cáscara en agua caliente durante 15 minutos.

Escurrimos y retiramos la piel. Hemos de pelar los pistachos si queremos lograr una pasta verde, porque de lo contrario tomaría un color pardusco poco apetecible.

Trituramos en un robot de cocina a potencia máxima hasta formar una pasta. Si queda algún trocito no importa, le dará el puntito crunchy al helado. También tenemos la opción de comprarla hecha y ahorrarnos este paso.

En un cazo ponemos a calentar 200 ml de leche junto con la nata. Mientras tanto, en un cuenco batimos ligeramente las yemas con el azúcar. Por otro lado, disolvemos la maizena en el resto de la leche y añadimos a las yemas.
Cuando la mezcla de leche y nata alcance el punto de ebullición vertemos sobre la mezcla de yemas y batimos enérgicamente.

Colamos la mezcla para retirar posibles restos de yema de huevo que hayan cuajado y llevamos de nuevo a fuego medio, sin dejar de remover con cuchara de madera, hasta que la crema espese ligeramente.
Retiramos del fuego, añadimos la pasta de pistacho y mezclamos bien.

Vertemos la mezcla en un recipiente y dejamos templar. A continuación, ponemos una tapa y llevamos al frigo a enfriar un mínimo de 12 horas.

Pasado el tiempo mantecamos el helado siguiendo las instrucciones de nuestra heladera.

Vertemos el helado en un recipiente hermético y llevamos al congelador mínimo 3 horas antes de consumir.

Retiramos 5 minutos antes de servir para formar las bolas con facilidad.

Si no tenemos heladera, vertemos la mezcla en un recipiente hermético y llevamos al congelador. Lo retiramos cada 1/2 hora y removemos la mezcla con varillas o tenedor para evitar que cristalice. Repetimos este proceso unas cuatro veces. Después lo dejamos en el congelador hasta el momento de consumir.
Y helado terminado!
Os dejo, que se me derrite! Que lo disfrutéis.
Ali
